Pánico y spam en el foro

Os cuento:

Estoy estudiando un Grado a distancia y este semestre tengo una asignatura que se llama “Expresión Oral y Escrita”.  Una compañera propuso un grupo de WhatsApp y muchos aceptamos.  Os podéis imaginar que a los dos días aquello era un sindios.  Por no hablar de las respuestas al correo con la propuesta: ¿por qué usar “responder al remitente” cuando puedes usar “responder a todos”?  Resumiendo: empecé silenciándolo y acabé saliendo en pocos días.

Un efecto de ese grupo fue que el foro de la web de la asignatura estuviera completamente vacío.  En los pocos días en los que estuve todas las dudas y los comentarios se hacían en el grupo y así siguió siendo después.  Y es una pena, porque un foro, con sus pegas, es un espacio más estructurado que un grupo de WhatsApp o de cualquier aplicación.

Pero llega el momento decisivo: se acercan las pruebas finales y, oh, sorpresa, la gente ha entrado en pánico.  ¿Por qué? Pues porque han pasado por completo de exponer sus dudas, comentarios o críticas en un espacio en el que el tutor de la asignatura pudiera responderlas y ahora se sienten perdidos.  De repente el foro se ha poblado de mensajes uniéndose a una petición de orientación.  (No entiendo por qué tiene que unirse cada alumno de forma particular creando un hilo infinito de “A mí me pasa lo mismo”, pero eso ya son manías mías).

En cuanto al profesor, nos ha dado las indicaciones necesarias, no sin un tono irónico:

Como ya comenté a algún compañero vuestro, me disponía esta semana a enviaros un mail con algunas pautas para afrontar las Pruebas de Síntesis (PS) y los Exámenes (Ex), y quería hacerlo mañana con más tranquilidad, puesto que tengo esta semana tribunales de Trabajos Fin de Máster en la UB. Pero viendo que empieza a cundir el pánico y el nerviosismo -mal asunto-, bien, aquí tienen unas pautas con vistas a las pruebas finales.

Con la mala leche que me gasto últimamente estoy a un pelo de coño de escribir un mensaje en el foro diciendo algo como “Estimados compañeros, creo que la adhesión personal a esta iniciativa es innecesaria”, pero puede que vuelva a coincidir con alguno de ellos en otras asignaturas y no quiero ganarme fama de estúpida (fama que no siempre es inmerecida, hay que decirlo).

Hablando de “A mí me pasa lo mismo”, os pongo la canción de Astrud.

Besos, abrazos y otras cosas buenas.

Bromas, sarcasmo y comentarios en Facebook

El jueves un amigo compartió en Facebook un artículo sobre los “nómadas digitales”.  Un estilo de vida perfectamente respetable, no diré que no, pero como sucede muchas veces en tecnología y negocios, un nicho perfecto para vendehumos y para el postureo.  Pero no es ése el tema.

Se inició un debate a raíz de mi comentario sobre el postureo y rápidamente una persona empezó a hacer comentarios que se podrían calificar de “salidas de pata de banco“, comentarios supuestamente en tono irónico o burlón.  Yo los ignoré, puesto que el debate me interesaba y había otras personas defendiendo sus posturas con bastante solvencia.  Sin embargo, de repente y tras varios comentarios en los que yo seguía defendiendo mi postura, sucedió esto:

“Txus es asi:
Feminismo? Weeee hay que destruir el sistema patriarcal que nos gobierna, abajo el la tradicion machista, cambiemos las cosas de raiz, libertad para las domingas en domingo!
Trabajo en remoto? Esos son unos niños de papa (solo pijos, no hay pijas aqui) Una temporada cogiendo zanahorias les daba yo…

Es sabido que el amigo que tanto el amigo que compartió el artículo como yo misma somos abiertamente feministas y bastante combativos y en el pasado hemos mantenido con esa persona algún debate sobre el tema en el que han abundado los comentarios absurdos y el ninguneo y he echado en falta alguna aportación constructiva.  Más o menos como en esta conversación.

Los que me conocéis sabréis que por lo general no suelo entrar al trapo con personas que conozco.  Conozco a la persona que hizo el comentario y hemos sido parte de un equipo de trabajo durante un tiempo, pero no tengo tanta confianza como para decir “Te estás pasando”.  Pero ese comentario fue la gota que colmó el vaso y decidí que no me podía callar, que el hecho de que fuera una conversación pública en la que se ridiculizaran sin ningún tipo de reparo mis opiniones no era algo que pudiera o debiera deja pasar, que ese uso del sarcasmo estaba totalmente fuera de lugar, así que respondí públicamente lo siguiente:

Mira, viendo que tu estrategia es ridiculizar y desautorizar voy a dejar de responder a tus comentarios. Cuando sepas defender tu postura de forma inteligente y prescindiendo del sarcasmo y la burla (que no de la ironía), me avisas y seguimos debatiendo.
Que pases una excelente tarde.”

Se lo comenté a un amigo que me conoce bien y me dijo “Lo que habrá tenido que ser para que respondas así”.

Pero la historia no terminó ahí.  Esa persona no hizo ningún comentario más, ni una disculpa, ni un “igual me he pasado” o un “creo que me he explicado mal” o un “¿Te ha molestado?”.  Al cabo de un rato me escribió un mensaje directo por Twitter, pero no para disculparse, decir que había sido un malentendido ni nada parecido, sino para decirme que me desenfadara y que no le tomara en serio.

“OIGA USTED, se desenfada pero a la de ya! Y deje de tomarme en serio de una puñetera vez, no se lo digo mas!”

Aham.

Es decir, la culpa es mía.  Soy yo la que no se interpretar las cosas, la que no sabe detectar una broma.  Él (sí, es un tío) sólo se dedica a bromear y a ser un incomprendido.  Intentaría creérmelo si no fuera porque es la segunda vez que pone como excusa el “estaba bromeando” cuando yo digo que algún comentario me ha molestado.   Es muy fácil abrir la boquita, despotricar, criticar y luego decir que era una broma.  El gilipollas de Schrödinger, que se excusa en el sarcasmo y las gracietas cuando la otra persona se revuelve.

Estimado, el sarcasmo no es para todo el mundo.  Hay que saber utilizarlo y tú vas por la vida dejando claro que no sabes.  Busca en Coursera o en EdX a ver si hay algún curso y luego vuelves.

Fascistas sexys en tu zona

A lo mejor el título es un poco cazavisitas, no lo sé.

Ayer a una hora bastante intempestiva entré en una página de ligues y visité el perfil de uno de los usuarios que habían visto el mío.  La web en cuestión te muestra una foto principal, unas etiquetas y unos textos escritos por cada usuario.  El de este señor en concreto decía lo siguiente:

Screenshot_20170413-042023~2

Screenshot_20170413-042023~3

Al principio me quedé sorprendida.  Dudaba si era o no un ejemplo de Poe, parecía demasiado obvio para ser irónico, pero a la vez me resultaba extraño encontrar a alguien que se definiera así mismo como fascista con tanta naturalidad.  En las redes sociales abundan los perfiles fascistas, es cierto, pero por explicarlo de alguna manera, en las redes sociales uno se expresa continuamente y las certezas sobre la ideología que profesa se van aclarando conforme se escribe.  En una aplicación de contactos uno da una única impresión, tiene una única oportunidad para ser recordado u olvidado.

El caso es que seguía sintiendo curiosidad.  No por el individuo, sino por su ideología, por saber si realmente era así como se describía en palabras, así que miré las fotos con más detenimiento y ahí ya fue cuando flipé.  ¿Sabéis quién es Josué Estébanez?  Es el exmilitar condenado por el asesinato de un menor antifascista en Madrid en 2007.  Y el individuo que vio mi perfil llevaba una camiseta con el lema “Josué libertad”.  Hay varios grupos de apoyo a Josué Estébanez, todos abiertamente fascistas.  Todos.  No los enlazo porque ya bastantes visitas les di ayer.

Otro detalle, el nombre de usuario del individuo tiene que ver con el intento de golpe de estado del partido nacional socialista en 1923.

Todo muy icónico.

Lo que me preocupa no es que exista gente así porque es algo que no se puede evitar.  Lo que me acojona realmente es la sensación de impunidad, la falta de pudor y de reparo, la ostentación con la que muestran su ideología.  Y su ideología no es cualquiera, sino el supremacismo blanco, el racismo, la xenofobia, la discriminación y el uso de la violencia y la intimidación.  Se exhiben porque saben que pueden hacerlo, que no les va a pasar nada.  En 2009, cuando se condenó por asesinato a Josué Estébanez, ¿hubiera colgado este individuo esa foto en una web de contactos?  Pues en 2017 le parece muy normal hacerlo.

Y eso da mucho mucho mucho miedo.

Actualización: acabo de denunciar el perfil a la web que lo aloja dándoles algunos datos básicos e invitándoles a contactar conmigo si necesitan alguna aclaración.  No tengo ni idea de si suelen tomar medidas o notificarlas si las toman, pero hecho está.

Hombrecitos despechaditos o qué no hacer cuando te dicen que no interesas

Mi mejor amigo dice que tengo que dejar las páginas de ligues.  No sé, igual sería mejor que las dejaran los idiotas.  Lo que no sé si entonces quedaría alguien.

Os cuento:

Estaba teniendo una conversación que ni fu ni fa y, bueno, decido que lo mejor es que ninguna de las partes siga perdiendo el tiempo así que escribo el mensaje “estándar”, que dice más o menos “Esta conversación no funciona, así que mejor lo dejamos aquí. Que vaya todo muy bien.”  Recibo por respuesta algo como “Bla bla bla, es una pena. Me apetecía mucho conocerte, bla bla bla”. Hasta aquí todo bien, dentro de lo esperado.  Pero llegamos a esta parte:

“Hay que hacer las cosas con pasión, lo que se llama “en estado de flujo”, sino la vida se convierte en algo tedioso y sin sentido.”


via GIPHY

Tengo un problema con este tipo de comentarios, ¿sabéis? Me resultan irritantes.  El hombrecillo despechado que no sabe aceptar que no resulta interesante me puto pone de los nervios.  Y yo de los nervios me pongo muy tocapelotas, sobrada, whatever.  Así que le suelto un “Pues como despedida me ha quedado más elegante la mía, que al menos no he ido a decirte cómo tienes que hacer las cosas.  La pasión que yo le ponga a lo que sea es, por sorprendente que parezca, asunto mío.”  El tema de los consejos vitales lo dejamos para otro día.  Aunque se lo dije, que yo no le había pedido ningún consejo y que se lo podía ahorrar.

La conversación siguió varios mensajes más hasta que me aburrí.  Al parecer se había esforzado mucho en que la conversación funcionara y no podía morirse sin decírmelo, no fuera a ser que sus “méritos” no recibieran el oportuno y merecido reconocimiento.  Discutir con gente que no me importa un pimiento me aburre con cierta rapidez.  Es como los gatos jugando con los bichillos: un rato está bien, pero luego hay más mundo que ver.


via GIPHY

En serio, varones heterosexuales en edad de merecer, si una chica os rechaza no os pongáis despechaditos, que la chica puedo ser yo y os pueden dar más palos que a una estera.

El caso es que estas conversaciones me resultan también algo indignantes, a medio camino entre el insulto a la inteligencia y la frustración, y me dejan algo de mal cuerpo.  No tiene mucho sentido, pero así es.  Bueno, si lo tiene, pero es algo que voy a dejar para otro día que me dé por escribir.

A todo esto: voy a cambiar de táctica.  A partir de ahora, despedida (por lo de no perder las formas) y bloqueo inmediato, así me ahorro los lloros.  A llorar a las faldas de vuestra mamá.

Si os han pasado mierdas similares podéis contárselas al mundo en los comentarios.  Otro día os cuento más historias.

Cosas que me pasan cuando digo que voy a clases de baile

Voy a clases de flamenco y de Bollywood y empecé a ir a ambas por una mezcla de casualidad y curiosidad.  Poco a poco me fui enganchando y ahí sigo.  El caso es que tengo un perfil en una web de ésas de ligar y me pasan cosas curiosas cuando digo (porque lo pone en mi perfil, pero la gente no lee) que voy a clases de baile.

El otro día alguien que va a clases de Contact Improv (http://www.contactimprov.net/) me dijo esto:

“Yo creo que la gente que baila (o a lo mejor es mucho creer) tiene una mejor relación con su cuerpo y, sobre todo, encuentra un modo más sano de desconectar de la parte racional, que tanto daño nos hace. ¿No te parece?”

Pues no, no me parece.  No busco tener una mejor relación con mi cuerpo, sino concentrarme en algo durante un par de horas a la semana.  No es nada filosófico ni una meditación en movimiento ni creo que la parte racional nos haga tanto daño.  De hecho, sobre esa frase en concreto opino casi casi lo contrario.

Otro usuario me dijo “Tendrás cuerpo de bailarina”. En mi infinita simpatía le pregunté si eso era relevante.  No es el primero, ahora que recuerdo, que me dice algo parecido.  Hubo alguien que me dijo algo como “Seguro que pareces una pin-up bailarina”.  Aún estoy meditando (en movimiento) sobre ese concepto.

Tercera y última historia: Señor que me pregunta si para las clases de Bollywood voy “como salen en los vídeos de las películas, sexys”.  La única vez que actué caracterizada llevaba una trenza postiza sujeta al vestido con un imperdible (si no lo haces así, la trenza se levanta cuando giras y le puedes dar con ella en la cara a la compañera que baila al lado), la tikka pegada a la frente y más horquillas y laca de las que soy capaz de recordar.

De verdad que no sé yo qué idea tienen los varones heterosexuales blancos en edad de merecer de lo que son las clases de baile…  Se creerán que somos todas Priyanka Chopra.

Por cierto, necesitamos más gente para el grupo de Bollywood de los viernes.  No queremos que desaparezca, pero somos muy pocas y necesitamos que sea más grande y más estable.  Las clases son de 18:00 a 19:30h en Espacio India (c/ Arenal, 9, justo al lado de Sol) y Vinatha es una profesora estupenda.  Podéis visitar la página en Facebook y preguntar: https://www.facebook.com/Espacio-India-358778977616567/

 

Hace mil vidas

Anoche me metí en la cama y, por una razón que desconozco, empecé a leer los correos y mensajes de entonces.  Estaba segura de que las cosas habían sucedido como yo las recordaba, así que no buscaba una confirmación, sino recordar con algo de soporte textual.  No están todos, pero los que están son suficientes.  No están los peores, no están los del desastre.  Afortunadamente.

Hace cinco, no, seis, casi siete años de aquello. Hace mil vidas.

Teníamos todos los números para que saliese mal.  Ingenuos y estúpidos.

Aunque hubiera podido salir bien, hubiéramos podido ser grandes.

No sé a ti, pero a mí todo aquello me rompió y nunca he conseguido juntar todos los trozos.  Me temo que tú ya venías roto de antes, pero eso no voy a poder confirmarlo.  Y casi que es mejor así.  Total, ya no queda nada de lo que eras antes.

Tanto para nada.

2016

2015 fue un año duro.  Empezó bien, pero le dio por torcerse y a mitad de año aquello ya no tenía remedio.  Un desastre a nivel laboral y un desastre tras otro a nivel personal.  Hubo intentos para enderezarlo, pero resultó imposible.

Hubo cosas buenas: me decidí a mudarme y me vine para el barrio en el que me apetecía vivir.  Me fui unos días en agosto a Peñíscola con un amigo y desconecté como hacía tiempo que necesitaba.  Vinieron mi hermana y la niña y lo pasamos muy bien.  Conocí gente, mandé gente a la mierda y tomé algunas decisiones, aunque luego me pillara el tren.

2016 empezó bastante bien.  Encontré trabajo muy pronto y aprendí a mandar a gente a la mierda.  A señores, principalmente.  Siempre es útil.

Ha sido el año de empezar en un sitio nuevo y adaptarse a costumbres, horarios y manías.  Si haces ese esfuerzo al principio, luego puedes ir por libre.  Si no lo haces, uf… nunca acabarás de encajar.  Y encajar es útil y necesario.

Pero ha sido un año duro también.  De repente me di cuenta de que no he nacido para estar satisfecha, de que siempre quiero algo más.  Si algo funciona en el plano personal, no funciona en el laboral, y si funcionan los dos no lo hacen por mucho tiempo.  Es una sensación de insatisfacción y frustación constantes que tengo que aprender a manejar o me pasaré la vida persiguiendo algo que ni siquiera sé qué es.  Ha sido el año de perder amigos, de renunciar, de saber que hay cosas que se rompen y que no tienen remedio, que no hay pegamento ni cura ni olvido ni nada.

Ha sido el año de conocer a personitas importantes.  Cada cual por sus motivos.  Personitas curiosas de las que te tocan un poco la patata.  Gente que te habla de lo que hace y te transmite ese no-sé-qué que le ponen, que consigue que quieras desesperadamente leer un libro, ver una película o aprender algo nuevo.  Gente que hace chistes muuuuuuuuy malos, dice tonterías muuuuuuuuy gordas y te hace llorar de risa.  Gente fácil de tratar, difícil de tratar, sincera, divertida.  Gente con problemas que aprovecha los recursos de los que dispone para tratar de sortearlos de forma inteligente.  Luego se les ven las costuras, como se nos ven a todos cuando se nos mira de cerca, pero hacen un esfuerzo que otras personas ni siquiera se plantean.

El año de la cercanía.  Eso es.

No querría otro año como éste, pero sin duda ha sido un año para no olvidar.

Feliz Año.

Estupefacción. O algo.

Estoy haciendo una asignatura en el grado de Información y Documentación que me trae por la calle de la amargura.  Es una asignatura propia de la UOC que consiste básicamente en un trabajo colaborativo a lo largo de un semestre.  Es un tostón, la verdad.  La típica “maría” que no vas a suspender porque es propia de la universidad, pero en la que hay que cumplir unos mínimos y coordinarse con personitas.

Y leer.  Hay que leer.

Somos tres en el grupo.  Yo no puedo presumir de ser la persona que más controla los enunciados de la maldita asignatura, pero de verdad que hay quien me gana.


– Yo he puesto algunas fotos.  Bueno, algunos ejemplos gráficos, que no encontraba fotos sin derechos.

– Pone en la práctica que las fotos tienen que ser sin derechos?


WTF?????

via GIPHY

Por supuesto esta otra parte del enunciado que dice “Ahora bien, la redacción del contenido del proyecto tendréis que elaborarlo, todos los miembros del grupo, directamente en Google Sites. La falta de actividad en la edición del sitio será penalizada.” tampoco la leyó.

Nada más que decir, señoría.  ¿Ahora me pone usted un vermut?

via GIPHY

El Santo Tribunal de la Inquisición Domesticoeconómica

Empecemos por el principio.  El sábado 27 de agosto El Confidencial publicó un artículo con un titular realmente asqueroso: “Pagar para que te limpien la casa aunque cobres 1.000 €: así es la nueva clase media.”  De repente han pasado dos cosas: me han convertido en clase media (mi sueldo neto es algo mayor de 1.000 € pero ya os digo yo que a los 2.000 € no llega) y además me han aleccionado moralmente sobre mi forma de gastar el dinero que gano.  Se ve que eso de ganar el pan con el sudor de tu frente también lleva aparejados una serie de deberes como limpiar tu casa con ese mismo sudor.  Suena todo muy judeocristiano.  Ya sabéis, el valle de lágrimas y todo eso.  Yo creía que ser clase media traía consigo unos beneficios y una superioridad moral…  O igual es que hay beneficios que sí (pareja, hijos, hipoteca y paella los domingos) y beneficios que no (ocuparte de tu casa).

Por si eso fuera poco alguien decidió que esas personas son (somos) “arreplegats amb txatxa”.  Arreplegat: Dit de les persones incompetents per a una tasca, que no arriben a formar un conjunt homogeni.  En español de la meseta: inútiles con chacha.

(Espacio reservado para improperios)

Como tampoco quiero extenderme y dedicarle tiempo a semejante par de gilipolleces he decidido que en lugar de conclusiones y de explicar o justificar mi decisión de tener a alguien encargado de la limpieza de mi casa voy a cerrar esta entrada con unas cuantas preguntas que me surgen:

¿A partir de qué salario neto se me está permitido delegar la limpieza de mi casa a cambio de dinero?  ¿Eso me convertirá en clase alta?  Mira que no quiero, eh, que yo estoy muy orgullosa de ser clase obrera.  (Repetid conmigo: o-b-r-e-r-a).

¿Quiénes son los miembros del Santo Tribunal de la Inquisición Domesticoeconómica?

¿Predican con el ejemplo o es sólo hablar por hablar?

¿Qué prueba tengo que pasar para demostrar que no soy una “arreplegada”?  ¿Hay un calendario que pueda consultar?  ¿Están abiertas a todo el mundo?  ¿Hay derechos de examen?  ¿Cuál es su importe?

¿Limpiar la casa es algún nuevo método de redención?

¿Es una vuelta a “lo natural” y lo próximo será criticar el uso de mochos y reivindicar que deberíamos todos fregar de rodillas?

Podéis dejar vuestras respuestas, o añadir nuevas preguntas, en los comentarios.  También podéis escribir los improperios que he decidido ahorrarme.

Fantasmas

Echo un vistazo a mis correos y veo que en uno de ellos LinkedIn me pregunta si conozco a Fulanito de tal.  Se abre una puerta en algún sitio y no soy lo suficientemente rápida para cerrarla antes de que entren los fantasmas.  Cosas que pasan.

Conozco a Fulanito de tal, claro que sí.  Es más, hubo un tiempo en el que fuimos muy amigos.  Hubo un tiempo en el que compartíamos muchas cosas, en el que hablábamos, en el que intentábamos seguir a flote, cada uno con su vida, sin saber muy bien si íbamos a salir bien parados cada uno de sus desastres particulares, que no eran pocos.

Voy a abreviar, que luego el exorcismo se alarga.  Los fallos de guión los tapáis vosotros a vuestro gusto.

2015 fue un mal año.  O al menos un año duro.  Empezó bien y terminó como el rosario de la aurora.  A mí se me torció todo en verano y no hubo manera de enderezarlo.  A Fulanito de tal no le fue mucho mejor.  Nuestros desastres particulares eran demasiado grandes para nosotros y nuestra forma de intentar que los desastres del otro fueran algo menores era probablemente la menos indicada.

Llegó mi cumpleaños y una felicitación que terminaba con un “Todo irá bien en 2016. Seguro.”  Y la verdad es que las cosas parecían arreglarse, o al menos no estropearse más.  Poco tiempo después escribí un mensaje que no recibió respuesta.  Como tantas otras veces.  Sólo que esa vez no volví a escribir otro.  Nunca.  Me agoté.  Decidí que ese silencio debía ser respetado a rajatabla.  Que estaba cansada de ser siempre yo la que decía “Eh, ¿cómo te va?”.  Y que probablemente era un alivio para ambos.  Nunca fue una amistad fácil y probablemente lo mejor era dejar que se acabara.  No era lo que yo quería, pero era lo único que tenía sentido.  Y sé que no hice nada mal.  Que ninguno de los dos lo hizo, que a veces ni los amigos encajan.

Aún así todavía me duele.  A lo mejor es el tiempo perdido, a lo mejor es la frustración, a lo mejor es que soy idiota (nah, ya sé que eso no es).

Me gustaría decir algo como “Veo que has adelgazado.  Te sienta fatal, la verdad”, pero supongo que lo que diría es más bien “Espero que te vaya todo bien, de verdad.  Adiós”.

Ya me disculparéis si todo esto no tiene mucho sentido.  No era mi idea que lo tuviera.