Dignidad.

He dejado el trabajo. Sí, habéis leído bien. “¡Hala! ¡Estás loca!” Sí, puede que lo esté, pero además de estar loca tengo dignidad como persona y como profesional. Y sí, es una locura, pero en dos meses he aguantado desplantes y desprecios suficientes como para saber que esa dignidad que mencionaba es algo que tengo que valorar y cuidar.
Alguno me dirá “Es que los jefes son así…” Pues no, querido amigo, no todos los jefes son así, ni se les debería permitir. No todos los jefes te dicen “Eso es que no sabes” cuando no les das la respuesta que quieren. No todos los jefes tienen tres cambios de humor al día y no todos los jefes te dicen que “La lías” cuando no están contentos, cuando te equivocas o simplemente cuando no han leído la información que has enviado en un correo electrónico. Puedo aguantar los cambios de humor, pero los desprecios se van acumulando hasta que un día decides que no pasas ni uno más.
Nunca pensé en quedarme en ese trabajo, la verdad. Mis dos entrevistas fueron un poco surrealistas y muy significativas, pero mi idea original era adquirir experiencia como secretaria de dirección, que es un puesto nuevo para mí, y hacer contactos para poder buscar un empleo mejor. Me apena bastante que las cosas no hayan salido así, pero aguantar más desplantes, más malas caras y más salidas de tono dejó de ser una opción hoy a las doce y media.
Deseadme suerte.