El Santo Tribunal de la Inquisición Domesticoeconómica

Empecemos por el principio.  El sábado 27 de agosto El Confidencial publicó un artículo con un titular realmente asqueroso: “Pagar para que te limpien la casa aunque cobres 1.000 €: así es la nueva clase media.”  De repente han pasado dos cosas: me han convertido en clase media (mi sueldo neto es algo mayor de 1.000 € pero ya os digo yo que a los 2.000 € no llega) y además me han aleccionado moralmente sobre mi forma de gastar el dinero que gano.  Se ve que eso de ganar el pan con el sudor de tu frente también lleva aparejados una serie de deberes como limpiar tu casa con ese mismo sudor.  Suena todo muy judeocristiano.  Ya sabéis, el valle de lágrimas y todo eso.  Yo creía que ser clase media traía consigo unos beneficios y una superioridad moral…  O igual es que hay beneficios que sí (pareja, hijos, hipoteca y paella los domingos) y beneficios que no (ocuparte de tu casa).

Por si eso fuera poco alguien decidió que esas personas son (somos) “arreplegats amb txatxa”.  Arreplegat: Dit de les persones incompetents per a una tasca, que no arriben a formar un conjunt homogeni.  En español de la meseta: inútiles con chacha.

(Espacio reservado para improperios)

Como tampoco quiero extenderme y dedicarle tiempo a semejante par de gilipolleces he decidido que en lugar de conclusiones y de explicar o justificar mi decisión de tener a alguien encargado de la limpieza de mi casa voy a cerrar esta entrada con unas cuantas preguntas que me surgen:

¿A partir de qué salario neto se me está permitido delegar la limpieza de mi casa a cambio de dinero?  ¿Eso me convertirá en clase alta?  Mira que no quiero, eh, que yo estoy muy orgullosa de ser clase obrera.  (Repetid conmigo: o-b-r-e-r-a).

¿Quiénes son los miembros del Santo Tribunal de la Inquisición Domesticoeconómica?

¿Predican con el ejemplo o es sólo hablar por hablar?

¿Qué prueba tengo que pasar para demostrar que no soy una “arreplegada”?  ¿Hay un calendario que pueda consultar?  ¿Están abiertas a todo el mundo?  ¿Hay derechos de examen?  ¿Cuál es su importe?

¿Limpiar la casa es algún nuevo método de redención?

¿Es una vuelta a “lo natural” y lo próximo será criticar el uso de mochos y reivindicar que deberíamos todos fregar de rodillas?

Podéis dejar vuestras respuestas, o añadir nuevas preguntas, en los comentarios.  También podéis escribir los improperios que he decidido ahorrarme.

Vallecanos “desteñidos”

En Noviembre decidí mudarme y venirme al Puente de Vallecas.  Llevaba unos años viviendo en el Ensanche y ya estaba aburrida del barrio.

En el Ensanche vive mucha gente que nació y creció en otras zonas de Vallecas.  Vallecanos de toda la vida, en pocas palabras.  Me resultaron sorprendentes los comentarios de varios de ellos cuando dije que me mudaba.  Fueron del tipo “Te vas a arrepentir, ese barrio está muy mal” o “Uf, ese barrio estaba muy bien hace años, cuando había curritos de Vallecas, ahora parece la ONU”.  Me quedé alucinada porque hablamos de gente que está orgullosa de ser vallecana.  De gente que se iba de fiesta al Hebe y que seguramente más de una vez compró en el mercadillo de El Pozo.  Y me estaban dando las razones más rastreras y clasistas que escuchado jamás.

Para que lo entendáis os voy a hablar del Ensanche de Vallecas: El Ensanche es parte de un Plan de Actuación Urbanística del Ayuntamiento de Madrid.  Un producto de la burbuja inmobiliaria.  Un barrio cuyas avenidas principales parecen la Castellana y en el que el pequeño comercio ni está ni se le espera.  Lo más parecido que hay son bazares chinos.  Si quieres comprar hilo o un botón, o vas al chino o vas a Villa (administrativamente el Ensanche es parte de Villa de Vallecas aunque geográficamente no lo parece).  Para ir hasta Villa puedes coger el metro o caminar veinte minutos a buen paso.  Si quieres comida preparada hay algo a unos diez minutos andando.  Hay varios bares, sí, pero prepárate a pagar dos euros por un doble.  Eso sí, cada edificio tiene sus contenedores de basura, las aceras son anchas, los pisos vienen con su garage incluido, hay aparcamiento en la calle y es una zona muerta tranquila.

Bueno, depende de dónde vivas, porque resulta que hay una zona cerca de la Cañada Real, hay viviendas de realojo y además te llegan los olores de Valdemingómez.  Pero eso ya es en otra parte del Ensanche, con fingir que no existe está todo arreglado.  Lo que importa es que allí no hay gente sentada en los bancos bebiendo, no hay inmigrantes (recordad, esto parece la ONU), no hay bolsas de basura en la calle porque no hay suficientes contenedores y no hay comedores sociales con gente haciendo cola.  Tampoco hay mercados, movimiento, gente por la calle, mercerías, ferreterías, restaurantes de todo tipo, carnicerías y fruterías y uno de los parques más espectaculares de Madrid.  Pero hay un centro comercial, aparcamiento, tranquilidad y tres Mercadonas, uno en cada parada de metro.  Algunos se han vendido por plazas de aparcamiento y bares caros.  Presumen de ser vallecanos, pero en realidad sólo presumen de haber nacido en ese barrio, para ellos a día de hoy vivir fuera del Ensanche es de pobres o de perdedores.

Queridos vallecanos “desteñidos”: os podéis quedar con el Ensanche para vosotros solos.  Que os aproveche.