Hombrecitos despechaditos o qué no hacer cuando te dicen que no interesas

Mi mejor amigo dice que tengo que dejar las páginas de ligues.  No sé, igual sería mejor que las dejaran los idiotas.  Lo que no sé si entonces quedaría alguien.

Os cuento:

Estaba teniendo una conversación que ni fu ni fa y, bueno, decido que lo mejor es que ninguna de las partes siga perdiendo el tiempo así que escribo el mensaje “estándar”, que dice más o menos “Esta conversación no funciona, así que mejor lo dejamos aquí. Que vaya todo muy bien.”  Recibo por respuesta algo como “Bla bla bla, es una pena. Me apetecía mucho conocerte, bla bla bla”. Hasta aquí todo bien, dentro de lo esperado.  Pero llegamos a esta parte:

“Hay que hacer las cosas con pasión, lo que se llama “en estado de flujo”, sino la vida se convierte en algo tedioso y sin sentido.”


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Tengo un problema con este tipo de comentarios, ¿sabéis? Me resultan irritantes.  El hombrecillo despechado que no sabe aceptar que no resulta interesante me puto pone de los nervios.  Y yo de los nervios me pongo muy tocapelotas, sobrada, whatever.  Así que le suelto un “Pues como despedida me ha quedado más elegante la mía, que al menos no he ido a decirte cómo tienes que hacer las cosas.  La pasión que yo le ponga a lo que sea es, por sorprendente que parezca, asunto mío.”  El tema de los consejos vitales lo dejamos para otro día.  Aunque se lo dije, que yo no le había pedido ningún consejo y que se lo podía ahorrar.

La conversación siguió varios mensajes más hasta que me aburrí.  Al parecer se había esforzado mucho en que la conversación funcionara y no podía morirse sin decírmelo, no fuera a ser que sus “méritos” no recibieran el oportuno y merecido reconocimiento.  Discutir con gente que no me importa un pimiento me aburre con cierta rapidez.  Es como los gatos jugando con los bichillos: un rato está bien, pero luego hay más mundo que ver.


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En serio, varones heterosexuales en edad de merecer, si una chica os rechaza no os pongáis despechaditos, que la chica puedo ser yo y os pueden dar más palos que a una estera.

El caso es que estas conversaciones me resultan también algo indignantes, a medio camino entre el insulto a la inteligencia y la frustración, y me dejan algo de mal cuerpo.  No tiene mucho sentido, pero así es.  Bueno, si lo tiene, pero es algo que voy a dejar para otro día que me dé por escribir.

A todo esto: voy a cambiar de táctica.  A partir de ahora, despedida (por lo de no perder las formas) y bloqueo inmediato, así me ahorro los lloros.  A llorar a las faldas de vuestra mamá.

Si os han pasado mierdas similares podéis contárselas al mundo en los comentarios.  Otro día os cuento más historias.