La vida sim

Tengo un compañero que llama “la vida sim” a esa sensación que tienes a veces de estar reproduciendo todo el rato lo mismo, día tras día, como dentro de un videojuego y manejado por alguien. No es algo que me suceda con frecuencia. Por lo general me pasa cuando estoy cansada o cuando estoy en el metro y no consigo sentarme y todo me parece incómodo. Luego alguien se baja en Atocha, por ejemplo, me siento y ya me se me pasa un poco. O me pongo música y se me olvida. Es una sensación efímera por lo general.

Sin embargo llevo un par de días así. No es la rutina, no son las obligaciones ni los “quereseres”, es la mezcla de todo y una cierta sensación de absurdo. Me pasan muchas cosas por la cabeza, algunas no tienen nada que ver con la vida sim, pero al final se mezcla todo y es indistinguible.

Esta ilustración que encontré ayer lo explica bastante bien.

Bueno, también hay algo de síndrome del impostor, pero eso es otra cosa.

Besos, abrazos y cosas bonitas.

 

2018

No tenía muy claro cómo enfocar la típica publicación de fin de año, pero veo a mucha gente contando cosas pequeñas o grandes sobre 2018 y me ha parecido buena idea. Es bonito, sencillo y muy cotidiano. Además este ha sido un buen año, que ya me iba haciendo falta.

  • He cambiado de gimnasio. Iba a ser por un mes y acabé cambiando definitivamente. He pasado de las clases dirigidas a ir por mi cuenta y de momento todo bien.
  • Alguien a quien hacía mucho que no veía me escribió para quedar y despedirse de mí porque se iba a vivir fuera de España. Quedó solo conmigo. Me sentí genial, aunque al día siguiente estaba un poco triste.
  • Conseguí lo más parecido a una disculpa por parte de mi hermana.
  • Vi a mi sobrina.
  • Quedé un par de veces con @calabazasaurio (nena, vuelve a Twitter) y lo pasamos muy bien.
  • Mi amiga Cati me escribió y somos amigas otra vez. Le di un abrazo enorme y me sentí feliz como nunca. Me dio las gracias por hacer el regreso tan fácil, pero es que no podía hacer otra cosa porque siempre la eché de menos.
  • Estuve de vacaciones en Malta en casa de @mjdelrio. Fue genial.
  • Llegué a casa de las vacaciones y al cabo de una hora estaba en un taxi para ver a alguien. Tengo pocos recuerdos tan bonitos como ese.
  • Un compañero de trabajo y yo nos hicimos muy amigos. Confiamos mucho el uno en el otro, nos apoyamos y nos comprendemos. Me dijo una de las cosas más bonitas que me han dicho nunca.
  • Ayudé a alguien a tomar decisiones, a no paralizarse. Muchas veces no importa la decisión, importa el hecho de tomarla y que no te pasen las cosas por encima. No es control ni ilusión de control ni nada parecido, es ser capaz de quitarte de la vía cuando viene el tren.
  • No cogí la bici. :(
  • Descubrí que las cosas malas que me pasan me afectan más que antes. :( Pero que al final las supero. :)
  • Aprendí a decirle a gente muy cercana si me siento decepcionada con lo que hacen o dicen, a ser un poco menos fuerte y a pedir un poco más.
  • Escuché muchas canciones en bucle como si no las fuera a poder escuchar nunca más.
  • Mis compañeras de Bollywood me cantaron “cumpleaños feliz” y mi profe me regaló una pulsera.
  • Invité a alguien a ver el festival de fin de curso de Bollywood.
  • En el trabajo fue un año irregular, pero conseguí mejorar algunas cosas importantes.
  • Me enfadé con un compañero por inadaptado, gilipollas y ridículo. Me reconcilié y hace poco discutimos otra vez. Me llamó ignorante solo por hacerme daño y por mí ahora como si se muere.
  • He discutido y me he quejado bastante. Monté algo de jaleo en el foro de una asignatura del Grado, algunos compañeros me siguieron y varios pusimos una queja. La tutora nos acabó pidiendo disculpas.
  • Perdí el miedo a la cinta de correr, aunque no corro, ando rápido.
  • Me fui del dentista sin que me hicieran el empaste porque me dio miedo que me hicieran daño. :(
  • Tuve una minicrisis con las clases de Bollywood, pero hablé con mi profe y ahora vuelve a estar bien todo. :)
  • Tengo retos físicos.
  • Una amiga (por persona interpuesta) con la que discutí regresó y se volvió a ir. Adiós.
  • Dije muchas cosas bonitas y espero seguir diciéndolas en el futuro.
  • Alguien me hizo sentir muy especial. Mucho. Me han dicho cosas difícilmente superables en bonitez.
  • He pasado las tres noches (no consecutivas) más bonitas que haya pasado en mucho tiempo.
  • Fui a cenar a un restaurante ruso el día de mi cumpleaños.
  • Le hice a @jarredethe un regalo en condiciones. ¡Y en fecha!
  • Me he comprado vestidos. :)
  • He llorado, pero poquito.
  • He tenido algo de ansiedad. Debería mirarlo, pero me da un poco de miedo que mi médico pase de mí.
  • Volví a las aplicaciones de ligue pasando mucho de todo. Como nadie me manda a la escuela de señoritas pues me va regular.
  • He vuelto a coser y a hacer patrones. :)
  • Me han dicho guarradas graciosas.
  • Pasé las Navidades con mi padre, mi hermana y mi sobrina y no discutí. :)
  • Vi la charla de @yondemon en el T3chFest (remojón mediante).
  • Avancé un poquito en eso de programar. :)
  • He conseguido, o eso creo, entender a alguien. Espero que sea así, aunque seguramente no lo será del todo. Igualmente me siento feliz y también más ligera.

Y ya lo dejo, que querréis hacer más cosas. 😉

Gracias a @yondemon (también conocido como Pablo R.), a @jarredethe, a @mjdelrio, a Pablo L., a Luis Martín, a Paola, a Cati y a Paco, a Vinatha y a todas las personas que hayáis estado conmigo este año.

¿Una canción?

¡¡Una canción!!

Besos, abrazos y cosas bonitas para todos/as.

No me ayudes

En serio, si te dijo que lo único que necesito es quejarme un poco y que me apañaré yo sola, hazme caso y no me ayudes. Si no te pido ayuda expresamente es muy posible que no la quiera, así que no me la des. Si te digo que no entiendo algo, pero que me apañaré, hazme caso. Soy mayorcita y sé pedir ayuda, así que la pediré cuando la necesite.

Y si te digo que quiero una respuesta corta, hazme caso. No importa que la respuesta corta te parezca insuficiente. De verdad. Si necesito una ampliación, la pediré yo misma.

Cualquier otra cosa es contribuir al desastre.

Friki (de palo)

Cuando tenía unos doce años mis padres nos compraron a mi hermana y a mí un ordenador: un Amstrad con pantalla de fósforo verde y que ya funcionaba con diskettes. Venía con un manual y cuatro o cinco programitas que eran básicamente juegos. También había uno que te permitía hacer dibujos metiendo una serie de datos: podías hacer círculos y transformarlos en elipses cambiando algunos parámetros. Era una pasada.

Luego, ya con edad de ponerme a trabajar, hice algún curso de informática. En aquella época se llevaba Basic, pero recuerdo haber aprendido algo de Cobol.

Unos años después conocí gente que toqueteaba ordenadores cuando eso era muy de frikis, salí con un chico que montó con unos compañeros un ISP y un tiempo después salí con otro cuya hermana trabajaba en uno de los primeros PCBox y que toqueteaba las configuraciones del router ADSL.

Aprendí algo de bases de datos relacionales y macros de Access, entendía algo de sistemas, llegué a modificar una macro bastante tocha de Excel para adaptarla a una modificación en el fichero “base”.

Después vendrían otros trabajos y otras personas que también tenían relación con la tecnología. Llevo la tira de años cerca de programadores, administradores de sistemas, ingenieros, informáticos, profesionales y aficionados. En serio, muchísimos.

Pero en realidad nunca he sabido programar. Nunca he entendido bien las bases y nunca he tenido una formación “formal”. Soy de esas personas para las que ser autodidacta es complicado porque tengo poca paciencia, me arriesgo demasiado, me pierdo cuando las cosas no funcionan, me frustro y acabo abandonando. Para algunas cosas necesito algo más “social”: un mentor, compañeros, un apoyo. Ese tipo de cosas.

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No, de verdad que no exagero: nunca he sabido programar y nunca me he visto del todo capaz.He entendido cosas, he visto la lógica detrás de algunas líneas de código, he sabido leer algo y he asimilado algunos conceptos, pero saber programar no es eso.

Supongo que con la calma o la paz de espíritu (ay, sí, que me gusta a mí un toque dramático…) vuelve o crece la paciencia. Eso y que no hay nada como poder aplicar inmediatamente lo que quieres aprender (porque aprender es un medio, no un fin en sí mismo, como alguien me dijo y yo comenté aquí).

La cosa es que hace unos días me puse con un viejo conocido: Visual Basic para Aplicaciones. Es lo que tiene Windows, oye, que no te vas a poner a buscar otra cosa. Uso muchos archivos de Excel, hago bastantes tareas repetitivas y me encanta automatizar, así que tenía mi oportunidad.

Como en su momento lo que vi era para Access, Excel me resultaba un mundo nuevo y además es bastante más complejo. En Access manejas una tabla o varias, o una consulta; pero en Excel necesitas saber dónde estás: ¿tu libro tiene varias páginas?, ¿conoces su orden?, ¿cómo se llaman?, ¿sabes dónde están los datos que necesitas? Hay que trocearlo todo un poco más, requiere algo más de capacidad de abstracción.

Empecé grabando macros y copiando código y recuerdo progresar y decirle a @jarredethe que estaba contenta por lo que estaba consiguiendo pero que no tenía claro que estuviera asimilando todo lo que hacía. Me dijo que eso era normal y que sí, que estaba aprendiendo. Hoy me he dado cuenta de que es así y eso me ha puesto contenta.

Venga, que ya termino.

El caso es que yo no quiero hacer solo cosas en VBA, me apetecería aprender algo más estándar, más útil fuera del territorio Microsoft Office – trabajo, aunque no sé muy bien qué. Hoy curioseando he visto que con Python se pueden automatizar un montón de cosas, entre ellas archivos de Excel, así que voy a echarle un ojo a este curso de Udemy (¡niños y niñas, pagar por la formación también es una opción!) y voy a ver qué tal se me da.

Sé que queda friki decir estas cosas, hablar de automatización, de programar, de funciones, sobre todo para una administrativa, pero yo no me veo nada friki… de palo, como mucho. O de intención.

¡Deseadme suerte!

 

 

Reorganizando el tiempo

En marzo hice un pequeño resumen del semestre y ahora que estoy de vacaciones, que las rutinas son diferentes y que hay más margen para elegir y planear me planteo algunas cosas de cara a la vuelta.

Quiero ir al gimnasio dos días por semana y las dos clases a las que suelo ir son a las ocho de la tarde. Me planteo entrar más tarde a trabajar y no pasar por casa (el gimnasio lo tengo muy cerca de casa), pero a la vez me planteo seguir levantándome a la misma hora y aprovechar ese tiempo para algo. Lo que no tengo claro es que la estrategia vaya a funcionar. ¿Realmente me levantaré a la misma hora?, ¿qué haré con ese tiempo que gano entrando más tarde? No me da para estudiar, pero igual sí me da para hacer alguna cosa en casa (alguna de esas miles de cosas que siempre tengo por hacer, como recoger o doblar la ropa), aunque temo que me venza la pereza y no haga nada.

También puedo dormir más, pero es que me conozco: si me levanto más tarde, me acuesto más tarde. No me va mucho eso de salir después de las seis (manías que tiene una…) pero un poco de reorganización no me vendría mal para no estar a las nueve de la noche de un lunes fregando platos o descolgando bragas.

Otra opción es ir al gimnasio más pronto y ponerme con lo que sea: elíptica o movidas de esas.

Y eso, que aquí estoy yo dándole vueltas. Tengo hasta septiembre, así que aún puedo darle unas cuantas más.

La gota que colma el vaso

A ver cómo cuento esto.

El viernes salimos unos cuantos del trabajo porque un compañero, lo vamos a llamar C., se va de estancia tres meses. C. es alguien con quien me llevo (llevaba, en realidad) bien a pesar de su manía de picarme (las palabras son suyas).  Por qué alguien disfruta picando a otra persona sabiendo que la otra persona puede llegar a saltar es algo que se me escapa, pero digamos que sorteaba esa parte con cierta habilidad.

Sorteaba.

El caso es que yo siempre me hago la misma pregunta: “¿Qué necesidad hay?”

El problema de andar haciendo tonterías es que un día una de esas tonterías te revienta en la cara. No tienes por qué liarla demasiado, no tienes por qué decir algo muy ofensivo, simplemente tienes que agotar la paciencia de alguien. Ya sabéis, la gota que colma el vaso.

El tipo ni siquiera sabe que ha colmado el vaso. Sólo sabe que en un momento determinado del viernes yo me di la vuelta y me fui a mi casa. Ni siquiera creo que el hecho de que no me despidiera (no vamos a vernos en los próximos tres meses) le resultara llamativo. Lo que viene siendo un inconsciente.

El caso es que yo siempre me hago la misma pregunta: “¿Qué necesidad hay?” De ser gilipollas, de forzar las cosas, de picar a la gente para ver si salta o cómo o cuándo lo hace.  De hacer todo eso sin plantearse qué pasa con la otra persona. De ser un irresponsable, un inadaptado y un bocazas.

Hasta aquí. La próxima vez que hablemos seremos únicamente compañeros de trabajo y los comentarios personales y las confianzas estarán fuera de lugar. Ya me encargaré de que lo sepas.

Salidas

Hace unos días (antes de Semana Santa, unas dos semanas) alguien hizo un comentario que me molestó mucho. No por la intención, que no era mala, sino por el comentario aplicado al contexto.

Pero yo no venía a hablaros de eso.

El señor que hizo el comentario y yo llevábamos hablando un tiempo y habíamos intentado coincidir varias veces sin ningún tipo de éxito. Hubo un momento en el que eso me causaba cierta frustración. Pero soy comprensiva y tampoco dispongo que mucho tiempo, así que opté por no darle excesiva importancia y dejar que las agendas de cada uno siguieran su curso. Igual que no es fácil quedar conmigo, puede no serlo quedar con otra persona.

El caso es desde esa conversación, la del comentario que me molestó, no hemos vuelto a hablar. Y antes hubo también unos días de silencio. Y no es que me dé igual, es que a veces las cosas sencillamente se mueren o se olvidan. Las personas pierden importancia, protagonismo o brillo a base de expectativas frustradas. O perdemos el interés en ellas. En algunas, claro.

Y está bien así.

También hay personas inolvidables e irremplazables. Personas que están ahí, que dejan su marca aunque no hables con ellas.

No es el caso. O no lo parece.

Os dejo una canción.

Besos y cosas buenas para todos/as.

Tiempo y cansancio: resumen del segundo semestre 2017-2018

Este semestre, igual que el anterior, he cogido cuatro asignaturas. Como todavía tenemos bisemestralización he tenido que elegir entre las asignaturas disponibles, que no me parecían la hostia precisamente y, bueno, no sé si por eso estoy algo más cansada o desganada que el semestre pasado.

Me gustaría poder ir al gimnasio dos días por semana, porque desde que empecé en serio con las clases de body-pump no sólo he perdido peso y ganado algo de masa muscular, sino que he cogido mucha fuerza y elasticidad en las piernas y eso me está ayudando muchísimo en las clases de Bollywood. El caso es que no tengo tiempo. O siento que no lo tengo, porque los jueves (que es el otro día que hay clase de body-pump) llego a casa tan cansada que ni voy al gimnasio ni estoy en condiciones de estudiar mucho más de una hora.

Una de las asignaturas que tengo es estadística, que me está gustando mucho. Me gustaría poder dedicarle algo más de tiempo o tiempo de más calidad, pero aún así estoy aprendiendo bastante. Es un poco lo que me pasó con Análisis Documental, que la disfruté muchísimo, pero me hubiera gustado disfrutarla más.

Pero me gustaría tener algo más de tiempo o algo menos de cansancio.

O las dos cosas.

Besos y cosas bonitas para todos/as.

La espiral del silencio

Hace un par de semestres en la asignatura “Teorías de la comunicación” estudié una cosa llamada “espiral del silencio”. Se denomina así a una teoría política que explica cómo somos reacios a mantener o expresar nuestra postura si es distinta de la de la mayoría o de la del líder. Su autora la formuló en 1977 y podéis leer más información en este enlace.

Hace unos meses alguien a quien conozco hizo un comentario completamente “pun intended” en una conversación en la que se juzgaban y ridiculizaban gustos y prácticas sexuales. No lo hizo por defender a nadie, ya os digo que fue por darle en los morros a los bocazas de turno, pero como persona que alguna vez no ha defendido su postura, como persona que alguna vez ha pensado que era mejor estar callada, le agradecí su comentario aunque su finalidad no fuera “pura”. Se lo agradecí porque muchas veces he deseado poder cerrar bocas pero pocas veces me he atrevido.

Romper la espiral del silencio es importante, aunque no se trata de que todos lo hagamos, no se trata de que seamos imprudentes y nos arriesguemos a no encajar o a ser criticados duramente. No todo el mundo puede hacerlo ni todo el mundo tiene por qué hacerlo. No es eso. Se trata de que, si tenemos ánimos, fuerza, entereza o poca vergüenza, nos hagamos escuchar porque puede que alguien en ese grupo en el que estamos (sea un grupo de personas que comparten un espacio o una conversación en una red social) puede sentirse apoyado y comprendido. Se trata de defender una postura no sólo porque es la nuestra y la consideramos justa, sino porque es la de otros que no tienen nuestra voz o nuestra presencia de ánimo. Se trata de estar al lado del que no se atreve a estar.

Os dejo con una canción. Besos y abrazos.

Dos meses

Entro a WordPress pensando en escribir algo y por casualidad lo hago cuando hace dos meses justos que escribí la entrada anterior, que hablaba sobre la tristeza. La casualidad hace que entre con la intención de escribir sobre cómo la tristeza no ha vuelto, así que tengo un doble motivo: contarlo y hacerlo hoy.

La tristeza no ha vuelto. No sé cómo ni por qué, pero desde luego no parece que esté siendo una racha buena, sino un cambio de verdad. Algo duradero. Y me lo sigo sin creer del todo, no os voy a engañar.

Obviamente no vivo todos los días en una eterna nube rosa, pero sigo estando bien, estable, motivada, con ganas de hacer cosas y no en una constante pelea con el mundo y con una sensación permanente de querer estar en otra parte, que tampoco se sabe cuál es.

Espero que dure, que he cambiado la descripción que tengo aquí y, bueno, eso es un paso grande, eh.

Besos.