Atención al cliente, sexismo y otras cosas de comer.

Juan Echanove ha publicado un tuit quejándose de la atención de una camarera en un bar.  Hasta aquí todo bien, no?  Todos lo hemos hecho en un momento u otro.  Bueno, igual lo que no hemos hecho ha sido fotografiar a la chica a traición.  Y luego justificarlo diciendo que cuando pagas una pasta por unos bocadillos tienes derecho a quejarte.  El tuit con la foto ya no existe, el otro sí.

https://twitter.com/juanechanove/statuses/502743517949878272

Esto me ha hecho pensar en un par de cosas.

1. El sexismo.

Si habéis trabajado en atención al público, y más si sois mujeres, os habrá pasado alguna vez que os digan “Mujer, sonríe.”  Y eso os lo dice un hombre.  Y sólo a las mujeres.  Os lo comento porque me pasó hace años: alguien escribió una sugerencia diciendo que mis compañeras y yo deberíamos sonreír más.  Yo pensaba que éramos administrativas, no azafatas, pero igual el contrato que firmé decía otra cosa…

2. Los derechos del cliente (o lo que el cliente cree que son sus derechos).

A todos nos gusta que nos atiendan bien.  A mí la primera.  Me considero una usuaria correcta, educada y amable (en general, porque obviamente no siempre es posible), me gusta acompañar mis palabras con una sonrisa y espero (tal vez no debería) que mi actitud provoque una actitud parecida en la persona que me atiende y no al revés, como en el caso que os acabo de contar.  No siempre es así y los motivos son muchos: la persona que me atiende puede estar muy mal pagada, puede tener un mal día, puede estar enferma y no poder coger una baja, etc.

También os diré que hay sitios que no dan ninguna importancia al trato que sus trabajadores dan a los clientes o usuarios.  Y en ese caso es muy fácil saber qué hacer: No se vuelve y punto.  Yo he dejado de comprar en una tienda muy conocida del centro porque me han atendido personas diferentes y siempre me han tratado igual: ignorándome por completo.

Sin embargo hay millones de opciones antes que cometer la arrogancia de publicar la imagen de alguien y poner en riesgo su puesto de trabajo.  Podemos hablar con la persona que nos atiende y explicarle el motivo de nuestra irritación, podemos quejarnos, podemos incluso sonreír y preguntar qué sucede (sí, lo de sonreír a veces funciona).  Podemos incluso no volver a ese lugar, abrir twitter y quejarnos amargamente.  Yo lo he hecho más de una vez, incluso mencionando el lugar al que me refiero.  Pero fotografiar a traición a esa persona sabiendo que tus palabras van a tener repercusión porque eres Juan Echanove y no el vecino del quinto me parece de una soberbia, de una falta de empatía y de un “Te vas a enterar” indamisibles.

Y otra cosa: Juan Echanove se queja del precio de los bocadillos como si la política de precios fuera obra de la camarera que le atiende o como si cobrara en función del importe de los tickets de las mesas que sirve.  Caballero: el precio no sólo depende de la calidad, no me sea ingenuo.  Elija otro sitio más económico y no se queje tanto.