2014: un vestido amarillo y un nestea de maracuyá

Ese verano lo pasé con las ventas bajadas y sin música. Eso no es buena señal.

Además, el chico con el que salía me dejó justo el día que me había puesto mi mejor vestido. Justo el día que me había parecido que necesitaba ánimos y me puse a hacer el idiota en pleno centro de Madrid con un calcetín haciendo de marioneta.

También descubrí la definición de tregua en portugués. La primera acepción está tan llena de significado que podrías hacerte bolita en ella y olvidarte de todo lo que va mal.  https://dicionario.priberam.org/tr%C3%A9gua

La parte buena: empecé a encadenar trabajos. A partir de ahí, en ese plano, todo iría mejor poco a poco.

Había una canción que escuchaba ese día antes de salir de casa. Lástima que no recuerde el título.

2013: Glasgow 3

¿Qué decir de 2013? El verano fue especial, el resto del año fue un desastre. Aprendí portugués, me enamoré de Portugal y descubrí “Governo sombra”. Empecé una relación (o la relación me empezó a mí, no lo tengo claro), me sentí muy querida y pensé que eso mejoraría mi estado general de abatimiento, pero no sucedió exactamente así.

Fuck!

2012: empezar de cero, quedarse a medias

2012 empezó bien y terminó cayendo sobre mi cabeza.

Quería celebrar que llevaba un año en Madrid y acabé discutiendo con la amiga que me acogió en su casa cuando llegué. Todo porque se me ocurrió decir que me molestaba que faltara a su palabra de celebrarlo juntas. No puedo decir nada malo de ella porque es una persona maravillosa y a día de hoy eso está superado, pero me dolió muchísimo. Además, antes del verano se me acabó el contrato en el trabajo que tenía y encontrar otro fue una aventura que se prolongó demasiado tiempo.

Sin embargo también fue el año de recuperar la confianza en algunos aspectos. Después de un año sin querer saber nada de ningún señor (es una historia muy larga) y de algún intento con resultados bastante lamentables (es una historia desagradable), volví a interesarme mínimamente.

Fue el año de que me adoptara mi amiga Patri. Alquilaba varias de las habitaciones de su casa y acabé viviendo allí. Es una persona encantadora, cariñosa y comprensiva y desde el primer momento nos hicimos muy amigas. Decir que me adoptó no es una exageración ni una forma de hablar: paso parte de las Navidades con ella y con sus padres, me siento a gusto y querida con ellos, así que son, como me dijo una amiga hace poco, mi “found family”.

A lo mejor es que las cosas buenas de 2012 están todas en un lado en lugar de repartidas. ¿Quién sabe? Es lo que tiene revisar las cosas a posteriori: que aplicas un sesgo, ya sea para no quedar como una persona triste o quejica, ya sea para consolarte un poco a ti misma.

¿Una canción? Una canción.

 

2011

A 2011 le sobraron muchos meses. Once meses para ser exactos. En febrero me metí la hostia emocional de mi vida y lo peor no fue la hostia en sí, sino lo ingenua y estúpida que me sentí durante muchísimo tiempo.

Pero esa es otra historia y es mejor dejarla ahí.

Cada vez encajaba menos en la vida que tenía, cada vez tenía peor humor y menos ganas de relacionarme con nadie. Para colmo, la parte emocional siguió cayendo en barrena porque aquí fracasamos a lo grande y en serie.

No sé en qué momento se me metió en la cabeza que quería pirarme de Palma y venirme a Madrid, pero el caso es que me puse a ello. Una antigua compañera de trabajo estaba ya aquí y me dio algunos consejos para buscar trabajo. No sé ni cómo un día lo conseguí. Me cogieron en un trabajo de mierda para empezar el 1 de diciembre. Estábamos a 28 de noviembre.

I did it, bitches. And it was great. El cambio fue fulminante: me apetecía salir a la calle, me apetecía hacer cosas, coger el metro y perderme por ahí. Me apetecía llegar a casa y ayudar a mi amiga Cati y a su marido, pasar un rato con ellos, charlar, ver una película, cocinar o recoger.

Nunca me he querido ir, no he echado de menos Palma ni un solo segundo. Ni en las épocas malas, que las hubo. Nunca me he sentido más en casa que en esta ciudad que agobia con las prisas y las aglomeraciones, te lleva los pulmones de porquería y te seca las mucosas, pero que mola.

Y no tengo mucho más que decir de 2011. Solo reconocerle que escuché mucha música y me enamoré de muchas canciones.

2010: un divorcio y una cuenta de Twitter

En 2010 me divorcié. Fue lo mejor que pudo pasar y quiero pensar que era cuestión de tiempo que sucediera. Tuvo un punto de telenovela de sobremesa y no fue fácil, pero sí fue más o menos rápido. Mistakes were made, pero esa es otra historia.

Aunque parezca contradictorio, hubo un componente bastante grande de vergüenza después, al menos para mí, motivado por la sensación de haber fracasado en algo importante. Tomas una decisión y esperas que salga bien, que los astros y el universo se conjuren. No lo haces conscientemente, pero lo haces. Proyectas una imagen de pareja feliz y luego tienes que decir “Te comento: me estoy divorciando”  y ver las caras de sorpresa de la gente que te rodea porque nadie se lo esperaba. Yo no quería decirlo, no quería asumir que bajo esa apariencia de pareja feliz había mil cosas que no funcionaban.

En ese momento estaba yendo a terapia y fue entonces cuando me di cuenta de que tenía un terapeuta horrible, así que lo dejé y volví al estilo “self-made maid” de hacer las cosas.

Unos días antes del desastre, de la parte de telenovela de sobremesa, me hice una cuenta de Twitter. En ese momento Twitter te preguntaba “¿Qué está pasando?”. Mi primer tuit respondía a esa pregunta: “Nada”.

Sé que suena muy banal y que lo habrán dicho mil personas ya, pero Twitter me cambió la vida: me puso al alcance de los ojos a muchas personas que pensaban o sentían de una manera en la que yo también pensaba o sentía, así que me sentí un poco más acompañada y comprendida. Mi entorno en ese momento estaba lleno de gente cuyos objetivos se podrían resumir en “casa, familia, hipoteca, paella los domingos” y con las que era complicado debatir sin encontrar opiniones clasistas, xenófobas y cortas de miras, así que Twitter era una ventana por la que mirar y a través de la cual observar y aprender. Dejé de sentirme rara y empecé a sentirme un poco más normal.

2010 fue el año de “Veo lo que tú ves”. El año de aprender a recibir halagos y cumplidos, de aceptar que la visión amable y benevolente que tienen otras personas acerca de ti puede tener algo de verdad. Es algo que intento compartir con los demás, algo que intento explicar cuando creo que puede ser útil para otras personas. La visión amable y benevolente que tienen otras personas acerca de ti tiene algo de verdad.

El año de volver al mundo.

(Fue el año de otras muchas cosas, entre ellas esta canción, pero lo vamos a dejar aquí).