2011

A 2011 le sobraron muchos meses. Once meses para ser exactos. En febrero me metí la hostia emocional de mi vida y lo peor no fue la hostia en sí, sino lo ingenua y estúpida que me sentí durante muchísimo tiempo.

Pero esa es otra historia y es mejor dejarla ahí.

Cada vez encajaba menos en la vida que tenía, cada vez tenía peor humor y menos ganas de relacionarme con nadie. Para colmo, la parte emocional siguió cayendo en barrena porque aquí fracasamos a lo grande y en serie.

No sé en qué momento se me metió en la cabeza que quería pirarme de Palma y venirme a Madrid, pero el caso es que me puse a ello. Una antigua compañera de trabajo estaba ya aquí y me dio algunos consejos para buscar trabajo. No sé ni cómo un día lo conseguí. Me cogieron en un trabajo de mierda para empezar el 1 de diciembre. Estábamos a 28 de noviembre.

I did it, bitches. And it was great. El cambio fue fulminante: me apetecía salir a la calle, me apetecía hacer cosas, coger el metro y perderme por ahí. Me apetecía llegar a casa y ayudar a mi amiga Cati y a su marido, pasar un rato con ellos, charlar, ver una película, cocinar o recoger.

Nunca me he querido ir, no he echado de menos Palma ni un solo segundo. Ni en las épocas malas, que las hubo. Nunca me he sentido más en casa que en esta ciudad que agobia con las prisas y las aglomeraciones, te lleva los pulmones de porquería y te seca las mucosas, pero que mola.

Y no tengo mucho más que decir de 2011. Solo reconocerle que escuché mucha música y me enamoré de muchas canciones.