2012: empezar de cero, quedarse a medias

2012 empezó bien y terminó cayendo sobre mi cabeza.

Quería celebrar que llevaba un año en Madrid y acabé discutiendo con la amiga que me acogió en su casa cuando llegué. Todo porque se me ocurrió decir que me molestaba que faltara a su palabra de celebrarlo juntas. No puedo decir nada malo de ella porque es una persona maravillosa y a día de hoy eso está superado, pero me dolió muchísimo. Además, antes del verano se me acabó el contrato en el trabajo que tenía y encontrar otro fue una aventura que se prolongó demasiado tiempo.

Sin embargo también fue el año de recuperar la confianza en algunos aspectos. Después de un año sin querer saber nada de ningún señor (es una historia muy larga) y de algún intento con resultados bastante lamentables (es una historia desagradable), volví a interesarme mínimamente.

Fue el año de que me adoptara mi amiga Patri. Alquilaba varias de las habitaciones de su casa y acabé viviendo allí. Es una persona encantadora, cariñosa y comprensiva y desde el primer momento nos hicimos muy amigas. Decir que me adoptó no es una exageración ni una forma de hablar: paso parte de las Navidades con ella y con sus padres, me siento a gusto y querida con ellos, así que son, como me dijo una amiga hace poco, mi “found family”.

A lo mejor es que las cosas buenas de 2012 están todas en un lado en lugar de repartidas. ¿Quién sabe? Es lo que tiene revisar las cosas a posteriori: que aplicas un sesgo, ya sea para no quedar como una persona triste o quejica, ya sea para consolarte un poco a ti misma.

¿Una canción? Una canción.