2014: un vestido amarillo y un nestea de maracuyá

Ese verano lo pasé con las ventas bajadas y sin música. Eso no es buena señal.

Además, el chico con el que salía me dejó justo el día que me había puesto mi mejor vestido. Justo el día que me había parecido que necesitaba ánimos y me puse a hacer el idiota en pleno centro de Madrid con un calcetín haciendo de marioneta.

También descubrí la definición de tregua en portugués. La primera acepción está tan llena de significado que podrías hacerte bolita en ella y olvidarte de todo lo que va mal.  https://dicionario.priberam.org/tr%C3%A9gua

La parte buena: empecé a encadenar trabajos. A partir de ahí, en ese plano, todo iría mejor poco a poco.

Había una canción que escuchaba ese día antes de salir de casa. Lástima que no recuerde el título.

2011

A 2011 le sobraron muchos meses. Once meses para ser exactos. En febrero me metí la hostia emocional de mi vida y lo peor no fue la hostia en sí, sino lo ingenua y estúpida que me sentí durante muchísimo tiempo.

Pero esa es otra historia y es mejor dejarla ahí.

Cada vez encajaba menos en la vida que tenía, cada vez tenía peor humor y menos ganas de relacionarme con nadie. Para colmo, la parte emocional siguió cayendo en barrena porque aquí fracasamos a lo grande y en serie.

No sé en qué momento se me metió en la cabeza que quería pirarme de Palma y venirme a Madrid, pero el caso es que me puse a ello. Una antigua compañera de trabajo estaba ya aquí y me dio algunos consejos para buscar trabajo. No sé ni cómo un día lo conseguí. Me cogieron en un trabajo de mierda para empezar el 1 de diciembre. Estábamos a 28 de noviembre.

I did it, bitches. And it was great. El cambio fue fulminante: me apetecía salir a la calle, me apetecía hacer cosas, coger el metro y perderme por ahí. Me apetecía llegar a casa y ayudar a mi amiga Cati y a su marido, pasar un rato con ellos, charlar, ver una película, cocinar o recoger.

Nunca me he querido ir, no he echado de menos Palma ni un solo segundo. Ni en las épocas malas, que las hubo. Nunca me he sentido más en casa que en esta ciudad que agobia con las prisas y las aglomeraciones, te lleva los pulmones de porquería y te seca las mucosas, pero que mola.

Y no tengo mucho más que decir de 2011. Solo reconocerle que escuché mucha música y me enamoré de muchas canciones.

2010: un divorcio y una cuenta de Twitter

En 2010 me divorcié. Fue lo mejor que pudo pasar y quiero pensar que era cuestión de tiempo que sucediera. Tuvo un punto de telenovela de sobremesa y no fue fácil, pero sí fue más o menos rápido. Mistakes were made, pero esa es otra historia.

Aunque parezca contradictorio, hubo un componente bastante grande de vergüenza después, al menos para mí, motivado por la sensación de haber fracasado en algo importante. Tomas una decisión y esperas que salga bien, que los astros y el universo se conjuren. No lo haces conscientemente, pero lo haces. Proyectas una imagen de pareja feliz y luego tienes que decir “Te comento: me estoy divorciando”  y ver las caras de sorpresa de la gente que te rodea porque nadie se lo esperaba. Yo no quería decirlo, no quería asumir que bajo esa apariencia de pareja feliz había mil cosas que no funcionaban.

En ese momento estaba yendo a terapia y fue entonces cuando me di cuenta de que tenía un terapeuta horrible, así que lo dejé y volví al estilo “self-made maid” de hacer las cosas.

Unos días antes del desastre, de la parte de telenovela de sobremesa, me hice una cuenta de Twitter. En ese momento Twitter te preguntaba “¿Qué está pasando?”. Mi primer tuit respondía a esa pregunta: “Nada”.

Sé que suena muy banal y que lo habrán dicho mil personas ya, pero Twitter me cambió la vida: me puso al alcance de los ojos a muchas personas que pensaban o sentían de una manera en la que yo también pensaba o sentía, así que me sentí un poco más acompañada y comprendida. Mi entorno en ese momento estaba lleno de gente cuyos objetivos se podrían resumir en “casa, familia, hipoteca, paella los domingos” y con las que era complicado debatir sin encontrar opiniones clasistas, xenófobas y cortas de miras, así que Twitter era una ventana por la que mirar y a través de la cual observar y aprender. Dejé de sentirme rara y empecé a sentirme un poco más normal.

2010 fue el año de “Veo lo que tú ves”. El año de aprender a recibir halagos y cumplidos, de aceptar que la visión amable y benevolente que tienen otras personas acerca de ti puede tener algo de verdad. Es algo que intento compartir con los demás, algo que intento explicar cuando creo que puede ser útil para otras personas. La visión amable y benevolente que tienen otras personas acerca de ti tiene algo de verdad.

El año de volver al mundo.

(Fue el año de otras muchas cosas, entre ellas esta canción, pero lo vamos a dejar aquí).

Decenas

Sin entrar en polémicas sobre si existe el año cero o no, veo memes sobre los años que van desde 2010 hasta 2019 y me planteo escribir algo sobre lo que voy a llamar la decena. Porque igual no es una década, pero sí es una decena. Eso es indiscutible.

La decena me ha pasado por encima, pisoteado, echado marcha atrás varias veces para atropellarme bien y que no quedara un trocito sano y luego ha decidido ser benévola conmigo… hasta que llegó el último fin de semana de octubre de este año. Entones me atropelló otra vez.

Pero me estoy adelantando.

Up next: 2010.

Besos y cosas buenas para todos/as.

Síndrome del impostor

Esta entrada empecé a escribirla justo después de la huelga del 8 de marzo de 2019. Se quedó en el tintero, pero sigo sintiéndome igual, así que he decidido recuperarlo y adaptarlo sin la referencia temporal.

Allá vamos.

Soy administrativa. Llevo veinte años haciendo este tipo de trabajo y ahora además estudio Información y Documentación. No es que pretenda ser documentalista, estudio por otros motivos, pero elegí un grado que encaja en parte con lo que me gusta y en parte con el trabajo. Elegí un grado que sirve (es una visión muy optimista) para ordenar el mundo. Curiosamente jamás he tenido ningún problema en considerarme válida para un puesto de trabajo para el que me hayan contratado. Cero síndrome del impostor laboral.

Además soy feminista. No es una profesión, sino una condición personal. He decidido dejar de educar o ilustrar en el feminismo a nadie porque la mayoría de la gente que critica el feminismo solo dice gilipolleces sesgadas basadas en una experiencia personal sesgada y yo me cabreo mucho. Y no sé si en parte por eso, porque creo que podría hacer más y no lo hago, me considero una feminista de palo.  Hola, síndrome del impostor, saluda a esta gente tan maja.

Y bisexual. Estoy un poco armarizada en mi entorno en parte porque a nadie le importa, en parte porque es asunto mío y en parte porque me considero una bisexual de palo. Sí, también tengo un síndrome del impostor con eso. Y no sabría explicar por qué. No es que venga nadie a examinarme de mi condición, no es que crea que sacaría mala nota en un examen de bisexualidad. Es otra cosa. Nunca le he entrado muy abiertamente a una chica y me he rendido o he renunciado a esa parte de mi vida porque no puedo ir acumulando más cansancio vital, más frustración o más esfuerzo potencialmente baldío. Más bien me limito a reconocer que las chicas me gustan y poco más.  Lo dicho, de palo.

No sé ni cómo no me ha dado por tener síndrome del impostor como mujer. El lote completo no hubiera estado mal. Donde caben dos caben tres.

Precioso todo.

2018

No tenía muy claro cómo enfocar la típica publicación de fin de año, pero veo a mucha gente contando cosas pequeñas o grandes sobre 2018 y me ha parecido buena idea. Es bonito, sencillo y muy cotidiano. Además este ha sido un buen año, que ya me iba haciendo falta.

  • He cambiado de gimnasio. Iba a ser por un mes y acabé cambiando definitivamente. He pasado de las clases dirigidas a ir por mi cuenta y de momento todo bien.
  • Alguien a quien hacía mucho que no veía me escribió para quedar y despedirse de mí porque se iba a vivir fuera de España. Quedó solo conmigo. Me sentí genial, aunque al día siguiente estaba un poco triste.
  • Conseguí lo más parecido a una disculpa por parte de mi hermana.
  • Vi a mi sobrina.
  • Quedé un par de veces con @calabazasaurio (nena, vuelve a Twitter) y lo pasamos muy bien.
  • Mi amiga Cati me escribió y somos amigas otra vez. Le di un abrazo enorme y me sentí feliz como nunca. Me dio las gracias por hacer el regreso tan fácil, pero es que no podía hacer otra cosa porque siempre la eché de menos.
  • Estuve de vacaciones en Malta en casa de @mjdelrio. Fue genial.
  • Llegué a casa de las vacaciones y al cabo de una hora estaba en un taxi para ver a alguien. Tengo pocos recuerdos tan bonitos como ese.
  • Un compañero de trabajo y yo nos hicimos muy amigos. Confiamos mucho el uno en el otro, nos apoyamos y nos comprendemos. Me dijo una de las cosas más bonitas que me han dicho nunca.
  • Ayudé a alguien a tomar decisiones, a no paralizarse. Muchas veces no importa la decisión, importa el hecho de tomarla y que no te pasen las cosas por encima. No es control ni ilusión de control ni nada parecido, es ser capaz de quitarte de la vía cuando viene el tren.
  • No cogí la bici. :(
  • Descubrí que las cosas malas que me pasan me afectan más que antes. :( Pero que al final las supero. :)
  • Aprendí a decirle a gente muy cercana si me siento decepcionada con lo que hacen o dicen, a ser un poco menos fuerte y a pedir un poco más.
  • Escuché muchas canciones en bucle como si no las fuera a poder escuchar nunca más.
  • Mis compañeras de Bollywood me cantaron “cumpleaños feliz” y mi profe me regaló una pulsera.
  • Invité a alguien a ver el festival de fin de curso de Bollywood.
  • En el trabajo fue un año irregular, pero conseguí mejorar algunas cosas importantes.
  • Me enfadé con un compañero por inadaptado, gilipollas y ridículo. Me reconcilié y hace poco discutimos otra vez. Me llamó ignorante solo por hacerme daño y por mí ahora como si se muere.
  • He discutido y me he quejado bastante. Monté algo de jaleo en el foro de una asignatura del Grado, algunos compañeros me siguieron y varios pusimos una queja. La tutora nos acabó pidiendo disculpas.
  • Perdí el miedo a la cinta de correr, aunque no corro, ando rápido.
  • Me fui del dentista sin que me hicieran el empaste porque me dio miedo que me hicieran daño. :(
  • Tuve una minicrisis con las clases de Bollywood, pero hablé con mi profe y ahora vuelve a estar bien todo. :)
  • Tengo retos físicos.
  • Una amiga (por persona interpuesta) con la que discutí regresó y se volvió a ir. Adiós.
  • Dije muchas cosas bonitas y espero seguir diciéndolas en el futuro.
  • Alguien me hizo sentir muy especial. Mucho. Me han dicho cosas difícilmente superables en bonitez.
  • He pasado las tres noches (no consecutivas) más bonitas que haya pasado en mucho tiempo.
  • Fui a cenar a un restaurante ruso el día de mi cumpleaños.
  • Le hice a @jarredethe un regalo en condiciones. ¡Y en fecha!
  • Me he comprado vestidos. :)
  • He llorado, pero poquito.
  • He tenido algo de ansiedad. Debería mirarlo, pero me da un poco de miedo que mi médico pase de mí.
  • Volví a las aplicaciones de ligue pasando mucho de todo. Como nadie me manda a la escuela de señoritas pues me va regular.
  • He vuelto a coser y a hacer patrones. :)
  • Me han dicho guarradas graciosas.
  • Pasé las Navidades con mi padre, mi hermana y mi sobrina y no discutí. :)
  • Vi la charla de @yondemon en el T3chFest (remojón mediante).
  • Avancé un poquito en eso de programar. :)
  • He conseguido, o eso creo, entender a alguien. Espero que sea así, aunque seguramente no lo será del todo. Igualmente me siento feliz y también más ligera.

Y ya lo dejo, que querréis hacer más cosas. 😉

Gracias a @yondemon (también conocido como Pablo R.), a @jarredethe, a @mjdelrio, a Pablo L., a Luis Martín, a Paola, a Cati y a Paco, a Vinatha y a todas las personas que hayáis estado conmigo este año.

¿Una canción?

¡¡Una canción!!

Besos, abrazos y cosas bonitas para todos/as.

Friki (de palo)

Cuando tenía unos doce años mis padres nos compraron a mi hermana y a mí un ordenador: un Amstrad con pantalla de fósforo verde y que ya funcionaba con diskettes. Venía con un manual y cuatro o cinco programitas que eran básicamente juegos. También había uno que te permitía hacer dibujos metiendo una serie de datos: podías hacer círculos y transformarlos en elipses cambiando algunos parámetros. Era una pasada.

Luego, ya con edad de ponerme a trabajar, hice algún curso de informática. En aquella época se llevaba Basic, pero recuerdo haber aprendido algo de Cobol.

Unos años después conocí gente que toqueteaba ordenadores cuando eso era muy de frikis, salí con un chico que montó con unos compañeros un ISP y un tiempo después salí con otro cuya hermana trabajaba en uno de los primeros PCBox y que toqueteaba las configuraciones del router ADSL.

Aprendí algo de bases de datos relacionales y macros de Access, entendía algo de sistemas, llegué a modificar una macro bastante tocha de Excel para adaptarla a una modificación en el fichero “base”.

Después vendrían otros trabajos y otras personas que también tenían relación con la tecnología. Llevo la tira de años cerca de programadores, administradores de sistemas, ingenieros, informáticos, profesionales y aficionados. En serio, muchísimos.

Pero en realidad nunca he sabido programar. Nunca he entendido bien las bases y nunca he tenido una formación “formal”. Soy de esas personas para las que ser autodidacta es complicado porque tengo poca paciencia, me arriesgo demasiado, me pierdo cuando las cosas no funcionan, me frustro y acabo abandonando. Para algunas cosas necesito algo más “social”: un mentor, compañeros, un apoyo. Ese tipo de cosas.

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No, de verdad que no exagero: nunca he sabido programar y nunca me he visto del todo capaz.He entendido cosas, he visto la lógica detrás de algunas líneas de código, he sabido leer algo y he asimilado algunos conceptos, pero saber programar no es eso.

Supongo que con la calma o la paz de espíritu (ay, sí, que me gusta a mí un toque dramático…) vuelve o crece la paciencia. Eso y que no hay nada como poder aplicar inmediatamente lo que quieres aprender (porque aprender es un medio, no un fin en sí mismo, como alguien me dijo y yo comenté aquí).

La cosa es que hace unos días me puse con un viejo conocido: Visual Basic para Aplicaciones. Es lo que tiene Windows, oye, que no te vas a poner a buscar otra cosa. Uso muchos archivos de Excel, hago bastantes tareas repetitivas y me encanta automatizar, así que tenía mi oportunidad.

Como en su momento lo que vi era para Access, Excel me resultaba un mundo nuevo y además es bastante más complejo. En Access manejas una tabla o varias, o una consulta; pero en Excel necesitas saber dónde estás: ¿tu libro tiene varias páginas?, ¿conoces su orden?, ¿cómo se llaman?, ¿sabes dónde están los datos que necesitas? Hay que trocearlo todo un poco más, requiere algo más de capacidad de abstracción.

Empecé grabando macros y copiando código y recuerdo progresar y decirle a @jarredethe que estaba contenta por lo que estaba consiguiendo pero que no tenía claro que estuviera asimilando todo lo que hacía. Me dijo que eso era normal y que sí, que estaba aprendiendo. Hoy me he dado cuenta de que es así y eso me ha puesto contenta.

Venga, que ya termino.

El caso es que yo no quiero hacer solo cosas en VBA, me apetecería aprender algo más estándar, más útil fuera del territorio Microsoft Office – trabajo, aunque no sé muy bien qué. Hoy curioseando he visto que con Python se pueden automatizar un montón de cosas, entre ellas archivos de Excel, así que voy a echarle un ojo a este curso de Udemy (¡niños y niñas, pagar por la formación también es una opción!) y voy a ver qué tal se me da.

Sé que queda friki decir estas cosas, hablar de automatización, de programar, de funciones, sobre todo para una administrativa, pero yo no me veo nada friki… de palo, como mucho. O de intención.

¡Deseadme suerte!

 

 

Reorganizando el tiempo

En marzo hice un pequeño resumen del semestre y ahora que estoy de vacaciones, que las rutinas son diferentes y que hay más margen para elegir y planear me planteo algunas cosas de cara a la vuelta.

Quiero ir al gimnasio dos días por semana y las dos clases a las que suelo ir son a las ocho de la tarde. Me planteo entrar más tarde a trabajar y no pasar por casa (el gimnasio lo tengo muy cerca de casa), pero a la vez me planteo seguir levantándome a la misma hora y aprovechar ese tiempo para algo. Lo que no tengo claro es que la estrategia vaya a funcionar. ¿Realmente me levantaré a la misma hora?, ¿qué haré con ese tiempo que gano entrando más tarde? No me da para estudiar, pero igual sí me da para hacer alguna cosa en casa (alguna de esas miles de cosas que siempre tengo por hacer, como recoger o doblar la ropa), aunque temo que me venza la pereza y no haga nada.

También puedo dormir más, pero es que me conozco: si me levanto más tarde, me acuesto más tarde. No me va mucho eso de salir después de las seis (manías que tiene una…) pero un poco de reorganización no me vendría mal para no estar a las nueve de la noche de un lunes fregando platos o descolgando bragas.

Otra opción es ir al gimnasio más pronto y ponerme con lo que sea: elíptica o movidas de esas.

Y eso, que aquí estoy yo dándole vueltas. Tengo hasta septiembre, así que aún puedo darle unas cuantas más.

La gota que colma el vaso

A ver cómo cuento esto.

El viernes salimos unos cuantos del trabajo porque un compañero, lo vamos a llamar C., se va de estancia tres meses. C. es alguien con quien me llevo (llevaba, en realidad) bien a pesar de su manía de picarme (las palabras son suyas).  Por qué alguien disfruta picando a otra persona sabiendo que la otra persona puede llegar a saltar es algo que se me escapa, pero digamos que sorteaba esa parte con cierta habilidad.

Sorteaba.

El caso es que yo siempre me hago la misma pregunta: “¿Qué necesidad hay?”

El problema de andar haciendo tonterías es que un día una de esas tonterías te revienta en la cara. No tienes por qué liarla demasiado, no tienes por qué decir algo muy ofensivo, simplemente tienes que agotar la paciencia de alguien. Ya sabéis, la gota que colma el vaso.

El tipo ni siquiera sabe que ha colmado el vaso. Sólo sabe que en un momento determinado del viernes yo me di la vuelta y me fui a mi casa. Ni siquiera creo que el hecho de que no me despidiera (no vamos a vernos en los próximos tres meses) le resultara llamativo. Lo que viene siendo un inconsciente.

El caso es que yo siempre me hago la misma pregunta: “¿Qué necesidad hay?” De ser gilipollas, de forzar las cosas, de picar a la gente para ver si salta o cómo o cuándo lo hace.  De hacer todo eso sin plantearse qué pasa con la otra persona. De ser un irresponsable, un inadaptado y un bocazas.

Hasta aquí. La próxima vez que hablemos seremos únicamente compañeros de trabajo y los comentarios personales y las confianzas estarán fuera de lugar. Ya me encargaré de que lo sepas.

Tiempo y cansancio: resumen del segundo semestre 2017-2018

Este semestre, igual que el anterior, he cogido cuatro asignaturas. Como todavía tenemos bisemestralización he tenido que elegir entre las asignaturas disponibles, que no me parecían la hostia precisamente y, bueno, no sé si por eso estoy algo más cansada o desganada que el semestre pasado.

Me gustaría poder ir al gimnasio dos días por semana, porque desde que empecé en serio con las clases de body-pump no sólo he perdido peso y ganado algo de masa muscular, sino que he cogido mucha fuerza y elasticidad en las piernas y eso me está ayudando muchísimo en las clases de Bollywood. El caso es que no tengo tiempo. O siento que no lo tengo, porque los jueves (que es el otro día que hay clase de body-pump) llego a casa tan cansada que ni voy al gimnasio ni estoy en condiciones de estudiar mucho más de una hora.

Una de las asignaturas que tengo es estadística, que me está gustando mucho. Me gustaría poder dedicarle algo más de tiempo o tiempo de más calidad, pero aún así estoy aprendiendo bastante. Es un poco lo que me pasó con Análisis Documental, que la disfruté muchísimo, pero me hubiera gustado disfrutarla más.

Pero me gustaría tener algo más de tiempo o algo menos de cansancio.

O las dos cosas.

Besos y cosas bonitas para todos/as.