La gota que colma el vaso

A ver cómo cuento esto.

El viernes salimos unos cuantos del trabajo porque un compañero, lo vamos a llamar C., se va de estancia tres meses. C. es alguien con quien me llevo (llevaba, en realidad) bien a pesar de su manía de picarme (las palabras son suyas).  Por qué alguien disfruta picando a otra persona sabiendo que la otra persona puede llegar a saltar es algo que se me escapa, pero digamos que sorteaba esa parte con cierta habilidad.

Sorteaba.

El caso es que yo siempre me hago la misma pregunta: “¿Qué necesidad hay?”

El problema de andar haciendo tonterías es que un día una de esas tonterías te revienta en la cara. No tienes por qué liarla demasiado, no tienes por qué decir algo muy ofensivo, simplemente tienes que agotar la paciencia de alguien. Ya sabéis, la gota que colma el vaso.

El tipo ni siquiera sabe que ha colmado el vaso. Sólo sabe que en un momento determinado del viernes yo me di la vuelta y me fui a mi casa. Ni siquiera creo que el hecho de que no me despidiera (no vamos a vernos en los próximos tres meses) le resultara llamativo. Lo que viene siendo un inconsciente.

El caso es que yo siempre me hago la misma pregunta: “¿Qué necesidad hay?” De ser gilipollas, de forzar las cosas, de picar a la gente para ver si salta o cómo o cuándo lo hace.  De hacer todo eso sin plantearse qué pasa con la otra persona. De ser un irresponsable, un inadaptado y un bocazas.

Hasta aquí. La próxima vez que hablemos seremos únicamente compañeros de trabajo y los comentarios personales y las confianzas estarán fuera de lugar. Ya me encargaré de que lo sepas.

Tiempo y cansancio: resumen del segundo semestre 2017-2018

Este semestre, igual que el anterior, he cogido cuatro asignaturas. Como todavía tenemos bisemestralización he tenido que elegir entre las asignaturas disponibles, que no me parecían la hostia precisamente y, bueno, no sé si por eso estoy algo más cansada o desganada que el semestre pasado.

Me gustaría poder ir al gimnasio dos días por semana, porque desde que empecé en serio con las clases de body-pump no sólo he perdido peso y ganado algo de masa muscular, sino que he cogido mucha fuerza y elasticidad en las piernas y eso me está ayudando muchísimo en las clases de Bollywood. El caso es que no tengo tiempo. O siento que no lo tengo, porque los jueves (que es el otro día que hay clase de body-pump) llego a casa tan cansada que ni voy al gimnasio ni estoy en condiciones de estudiar mucho más de una hora.

Una de las asignaturas que tengo es estadística, que me está gustando mucho. Me gustaría poder dedicarle algo más de tiempo o tiempo de más calidad, pero aún así estoy aprendiendo bastante. Es un poco lo que me pasó con Análisis Documental, que la disfruté muchísimo, pero me hubiera gustado disfrutarla más.

Pero me gustaría tener algo más de tiempo o algo menos de cansancio.

O las dos cosas.

Besos y cosas bonitas para todos/as.

La espiral del silencio

Hace un par de semestres en la asignatura “Teorías de la comunicación” estudié una cosa llamada “espiral del silencio”. Se denomina así a una teoría política que explica cómo somos reacios a mantener o expresar nuestra postura si es distinta de la de la mayoría o de la del líder. Su autora la formuló en 1977 y podéis leer más información en este enlace.

Hace unos meses alguien a quien conozco hizo un comentario completamente “pun intended” en una conversación en la que se juzgaban y ridiculizaban gustos y prácticas sexuales. No lo hizo por defender a nadie, ya os digo que fue por darle en los morros a los bocazas de turno, pero como persona que alguna vez no ha defendido su postura, como persona que alguna vez ha pensado que era mejor estar callada, le agradecí su comentario aunque su finalidad no fuera “pura”. Se lo agradecí porque muchas veces he deseado poder cerrar bocas pero pocas veces me he atrevido.

Romper la espiral del silencio es importante, aunque no se trata de que todos lo hagamos, no se trata de que seamos imprudentes y nos arriesguemos a no encajar o a ser criticados duramente. No todo el mundo puede hacerlo ni todo el mundo tiene por qué hacerlo. No es eso. Se trata de que, si tenemos ánimos, fuerza, entereza o poca vergüenza, nos hagamos escuchar porque puede que alguien en ese grupo en el que estamos (sea un grupo de personas que comparten un espacio o una conversación en una red social) puede sentirse apoyado y comprendido. Se trata de defender una postura no sólo porque es la nuestra y la consideramos justa, sino porque es la de otros que no tienen nuestra voz o nuestra presencia de ánimo. Se trata de estar al lado del que no se atreve a estar.

Os dejo con una canción. Besos y abrazos.

Sobre la tristeza

A ver si escribo esto sin que suene a autoayuda barata (Hola, Fer. Hola, Pablo).

Llevo un tiempo agobiada, estresada y medio deprimida.  Un tiempo pensando que todo va mal, que nada va bien y que cuando va bien, no dura. Un tiempo tomándomelo todo muy en serio. Es una sensación incontrolable. El caso es que el otro día salí de casa para dar una vuelta por el barrio y, no sé, me relajé, algo en mi cabeza desconectó y conectó por otro lado. Un cable dejó de cortocircuitar y me di cuenta de algunas cosas.

Os cuento: cuando llegué a Madrid (hace ya seis años) tenía un empuje, unas ganas, una alegría “de serie”. Luego algunas cosas fueron mal y otras menos bien y la fui perdiendo. Pensé que cuando consiguiera trabajo todo se arreglaría, pero no fue así. Y se me quedó ese cuerpo raro, esa insatisfacción, ese “¿para qué?” El caso es que yo no soy así, que eso no me pasa siempre, que hay momentos en los que las cosas me parecen menos feas o menos tristes. Y otros en los que pienso “¿Para qué voy a hacer esto, si total lo mismo ni siquiera sale bien?” Un ejemplo es que soy capaz de irme de vacaciones yo sola a Letonia o a Serbia y pasarlo como un gorrinillo en una charca. Soy independiente, no he perdido eso.

¿Qué pasa entonces?

Un amigo al que se lo explicaba me dijo “Te has acomodado a tu vida”. No, no es así. He acomodado mi vida a mis pocas ganas de hacer nada, a mi pesimismo, a mi derrotismo. Y no me culpo por ello, son cosas que pasan, pero no puedo seguir así. Tengo que recuperar lo que tenía cuando llegué y lo que tengo cuando decido irme de vacaciones al primer sitio que se me pasa por la cabeza. Tengo que hacer algo tan sencillo como salir a la calle, inventarme las ganas si hace falta, y dejarme sorprender o dejarme llevar o dejarme lo que sea, porque cuando lo hago, o cuando quedo con alguna amiga, desconecto y vuelvo a respirar y a disfrutar y a sentirme más persona, más ligera.  Hoy lo he descrito así: tengo que aligerar.

No se trata de ser positivo, se trata de no pasarme la vida diciéndome que no vale la pena hacer nada porque nada funciona.

Llevo una temporada curioseando con tecnología. Cosas pequeñas (bueno, algunas) que tienen utilidad. Algunas me están costando un poco (Gracias, Fer. Gracias, Pablo), pero voy aprendiendo algunos conceptos y voy adquiriendo cierta resistencia a la frustración. Supongo que en parte así ha sido, resistiendo a la frustración y adquiriendo cierta calma que había perdido, como me he dado cuenta de que no puedo seguir así.

No es un propósito de Año Nuevo, no es una meta enorme, no es el Tourmalet, es algo más para el día a día, para recuperar a la Txus que era, que soy aunque se me olvide. Y que quienes tengo cerca también que esté.

Os dejo una de esas canciones que dan ganas de ponerse a dar volteretas.

Besos para todos, todas, todes, todxs.

Líneas rojas

A nivel personal ésta ha sido una semana decepcionante (y estamos a jueves, aún puede “mejorar”).

El lunes tuve que decirle a una persona que estaba siendo injusta con otra. Su respuesta fue que lo sabía y tenía derecho a tener rabietas. Me puse en modo zen (sorprendente en mí) y le dije que claro, que de acuerdo, que las disfrutara. La historia es demasiado larga y complicada para explicarla, pero básicamente es lo que os he contado. Cualquiera tiene derecho a ser mala persona y a decirlo, cualquiera tiene derecho a sentirse mal y a decirlo, pero ¿tener rabietas? No. No tenemos cinco años. No quiero gente así en mi vida, no quiero gente que se enrabieta con personas a las que quiero sabiendo que se comporta de forma injusta y gente que me mete en follones.  Adiós, bonita, tanta paz lleves como descanso dejas. Estoy segura de que eres una buena persona y me caes bien, pero yo tengo líneas rojas y tú has pisado una.

Ayer quedé con un amigo. Hacía tiempo que no nos veíamos y me apetecía.  Sin embargo de repente la conversación se torció. Salió el caso de la chica violada en los Sanfermines y empezamos a hablar del consentimiento. Yo dije que no decir que no no significa decir que sí y el comentario de mi amigo me resultó chocante. Traté de ponerle un ejemplo equiparable y el comentario fue más chocante todavía. Acabó diciéndome que si a él un negro (?) intentara violarlo no se dejaría y el tipo no lo conseguiría.  Ahí se me revolvió el estómago y se me cayó el ánimo a los pies. No tuve ganas de seguir explicándole nada y dije que no quería seguir con la conversación. Lo entendió y cambio de tema, pero a mí ya se me había quedado el cuerpo cortado y decidí que me quería ir a casa. Estaba triste, enfadada y sobre todo dolida. Cuandó nos despedimos le di dos besos y le dije “Un placer”. No tengo claro si estaba siendo irónica, pero sé que esa conversación marca un antes y un después, que ya estoy cansada de escuchar a señores hablar de cómo tenemos que comportarnos y de cómo ellos son el patrón a seguir. Casi me da más asco ese comentario que el típico “¿Es que a quién se le ocurre irse con un desconocido?”

No tengo muy claro que haré si alguna de esas dos personas me vuelve a hablar, pero sí tengo claro que lo que pienso y siento ahora no es pasajero, que no es un mosqueo que se me vaya a pasar en unos días o hablando sobre el tema. Es algo más duradero.

A ver si de aquí al domingo no se me jode ninguna amistad más, que a este paso le voy a deber amigos a la vida.

Trayectos

Hubo una temporada, sé que fue en esta vida y no en otra, en el que Las Suertes – Nueva Numancia era un trayecto de ida. Un tiempo después la casualidad y las cosas de la vida hicieron que acabará viviendo precisamente en Nueva Numancia. Nueva Numancia – Las Suertes se convirtió entonces en un trayecto de ida y el inverso, en un trayecto de vuelta. El Ensanche no es un barrio al que le tenga mucho cariño, así que no suelo ir mucho por allí, pero a veces cuando lo hago, cuando cojo el metro para volver a casa, me entra una sensación curiosa, una tristeza, una derrota, un abatimiento, un recuerdo de tiempos que tuvieron cosas más bonitas, más ingenuas, más fáciles.
Ojalá no tener memoria.

Minipropósitos y cosillas

Ayer se me ocurrió que podía hacer una lista de cosas asequibles que aprender y ponerlas aquí.  No tienen por qué ser especialmente útiles, pero en el caso de que no lo sean, sí deben ser sencillas porque no tengo mucho tiempo.  Aprender es un medio (ya lo dije en la entrada sobre LaTeX) no un fin en sí mismo, así que si algo es útil puedo dedicarle más tiempo, pero si es sólo una curiosidad y no avanzo o me consume demasiado tiempo, acabaré dejándolo.  Además, me apetece adquirir cierta metodología porque tengo la mala costumbre de querer resultados en los primeros cinco minutos y, claro, así pasa que uso un programa, pero no sé sacarle partido.

Poco a poco, Txus, que te embalas.

A toda velocidad

Venga, la lista.  No son propósitos de año nuevo ni nada así, sino algo más general a corto, medio y largo plazo.

  • Cultivar la paciencia para leer documentación.  Imprescindible.

Niño impaciente

  • Trastear un poco más con el RFC5545, que son las especificaciones para calendarios en Internet.  Me dio por ahí con el calendario de la UOC.  Cuando lo importas a Google Calendar te monta un sin dios muy majo con las fechas y las horas.  Me puse a mirar qué modificaciones se podían hacer y vi cosas muy chulas y muy asequibles, como por ejemplo establecer la duración de un evento.  Sí, es un poco frikada, pero mola.
  • Trastear con Biblatex y en general con los estilos bibliográficos, para aprender cómo se definen y generan.  Aunque no me vaya a dedicar a generar mis propios estilos (demasiados hay ya…) me parece chulo ver cómo se extrae la información y cómo se aplica el formato.  Tratando de instalar y de hacer funcionar algunos estilos he aprendido bastante sobre cómo funciona Biblatex (archivos bbx, cbx y lbx) y me apetece curiosear un poco más.
  • Aprender los atajos de teclado de las aplicaciones y sistemas operativos que uso con más frecuencia.  Va un poco en línea con la introducción: adquirir cierta metodología y sacar partido a las cosas que más uso, etc.  No me refiero a Ctrl+C o Ctrl+V, sino a atajos para compilación rápida en LaTeX, atajos para seleccionar un rango en una hoja de cálculo, cambiar de hoja de un libro, ver todas las aplicaciones abiertas, etc.  Éste podría ser el minipropósito más práctico y más asequible.
  • Aprender a manejar mejor Ubuntu (¡¡por consola, obviamente!!).  Hubo un tiempo en el que sabía hacer cosas por consola, pero ahora las tengo casi olvidadas y me parece una pena.  No sabría contestaros a la pregunta “¿Por qué usas Ubuntu?” así que no me la hagáis.
  • Dar algo de dinero al Tex Users Group.  Esto ni es un propósito técnico ni es nah, pero me apetece. Hago un uso constante de LaTeX y no me cuesta ni un euro, ¿qué menos que reconocer el trabajo de la única forma posible?  Si tuviera la capacidad para diseñar algo yo misma o pudiera ayudar a los usuarios que tienen preguntas o dudas, lo haría, pero en estos momentos mi única aportación posible es económica.  Pero nunca sé qué cantidad donar. ACTUALIZACIÓN: ya les di dinerito, en concreto 50 €. A lo mejor os parece mucho, pero si os explico cuánto uso LaTeX, cuántas consultas hago en Tex StackExchange y cuánta documentación busco no os parecerá tanto dinero.
  • Aprender a usar un software de control de versiones.  Para eso tendría primero que ver si me resulta útil, pero creo que más tarde o más temprano será así.
  • Mejorar mi capacidad de abstracción.  Alguien me dijo una vez que no es que no la tenga, sino que la aplico a otros campos que no son la programación (que es algo que me encantaría aprender, pero para lo que me confieso un poco inútil).  Y es cierto.  Soy administrativa y tengo que hacer un seguimiento de los proyectos, especialmente de la parte económica.  Eso implica tener en cuenta muchos factores y tener una visión global del proyecto y de la información que se me va a solicitar, cosa que sería imposible sin capacidad de abstracción, pero me apetece mucho poder aplicarla en otros campos, como ¿ya lo había dicho antes? la programación.

Y creo que por este tipo de cosas es por las que mis compañeros y mis amigos me dicen que soy una friki.  No sé de dónde sacan eso…

chico que se encoge de hombros

 

Si tenéis propósitos similares y me los queréis contar, dadle a los comentarios.  Si os apetece sugerirme algo, lo mismo.

Besos, cosas buenas y una canción de un grupazo.

 

¿Qué por qué LaTeX? (Y ya de paso una cosita sobre los chistes fáciles).

Como ya sabéis, por la tabarra que doy, llevo unos meses trasteando con LaTeX, un programa de composición de textos.  Lo uso para las prácticas y estoy contenta, pero igual alguno (o igual no) os preguntáis cómo me dio por ahí.  Si no os lo preguntáis, no hace falta que sigáis leyendo.

Guiño

Había oído hablar de LaTeX pero no sabía muy bien lo que era hasta que un día mi jefe, el fan número 1 del tema, abrió un editor y me lo enseñó.  Entonces dije “Ah, ¡pero esto es lenguaje de marcado!”  No hay mucha más historia que ésa y si no hubiera sido porque le vi una aplicación práctica inmediata en las prácticas del Grado probablemente no me hubiera puesto a aprenderlo con tanto ahínco.  Al fin y al cabo aprender es un medio, no un fin en sí mismo.  Ya sea porque aprendes algo que te interesa o algo que te apetece, se trata de adquirir una habilidad y ver una evolución, no sólo de aprender.  La aplicación práctica me dio una motivación sin la cual tal vez lo hubiera dejado al cabo de unos días por pura falta de tiempo.

Cualquiera en una entrada con un título así os contaría las maravillas de LaTeX para textos cortos, largos, medianos, con imágenes, con tablas y con lo que sea.  No es mi intención, que seguramente los cuatro que me leáis seáis amigos interesados en mí a nivel personal o bien gente que ya sabe lo que es LaTeX y a la que poco le tengo que explicar.

Como experiencia estoy contenta, hay toneladas de documentación tanto en inglés como en español, la curva de aprendizaje es muy buena y para textos cortos como los que estoy redactando para las prácticas la complicación es mínima (mínima != inexistente).

Sobre la segunda parte del título, os cuento:

ODIO LOS PUTOS CHISTES FÁCILES DE CACA-CULO-PEDO-PIS.

LOS ODIO CON TODAS MIS FUERZAS.

Falso oso panda enfurecido
No sabéis la cantidad de veces que alguien ha hecho la bromita sobre si me voy a hacer Dominatrix o las risitas estúpidas de (supuestos) adultos que saben perfectamente lo que es y tienen el sentido del humor de un crío de cinco años chutado de azúcar.  Si ese sentido del humor me gustara, señores, contaría chistes de Jaimito.

¡Ay, qué a gusto me he quedado con esto último!

Y si alguien quiere que le eche una mano, que lo diga.  No soy una experta, pero a alguien que quiera empezar y no sepa por dónde le puedo ser útil.

Besos y cosas buenas para todos.

Bromas, sarcasmo y comentarios en Facebook

El jueves un amigo compartió en Facebook un artículo sobre los “nómadas digitales”.  Un estilo de vida perfectamente respetable, no diré que no, pero como sucede muchas veces en tecnología y negocios, un nicho perfecto para vendehumos y para el postureo.  Pero no es ése el tema.

Se inició un debate a raíz de mi comentario sobre el postureo y rápidamente una persona empezó a hacer comentarios que se podrían calificar de “salidas de pata de banco“, comentarios supuestamente en tono irónico o burlón.  Yo los ignoré, puesto que el debate me interesaba y había otras personas defendiendo sus posturas con bastante solvencia.  Sin embargo, de repente y tras varios comentarios en los que yo seguía defendiendo mi postura, sucedió esto:

“Txus es asi:
Feminismo? Weeee hay que destruir el sistema patriarcal que nos gobierna, abajo el la tradicion machista, cambiemos las cosas de raiz, libertad para las domingas en domingo!
Trabajo en remoto? Esos son unos niños de papa (solo pijos, no hay pijas aqui) Una temporada cogiendo zanahorias les daba yo…

Es sabido que el amigo que tanto el amigo que compartió el artículo como yo misma somos abiertamente feministas y bastante combativos y en el pasado hemos mantenido con esa persona algún debate sobre el tema en el que han abundado los comentarios absurdos y el ninguneo y he echado en falta alguna aportación constructiva.  Más o menos como en esta conversación.

Los que me conocéis sabréis que por lo general no suelo entrar al trapo con personas que conozco.  Conozco a la persona que hizo el comentario y hemos sido parte de un equipo de trabajo durante un tiempo, pero no tengo tanta confianza como para decir “Te estás pasando”.  Pero ese comentario fue la gota que colmó el vaso y decidí que no me podía callar, que el hecho de que fuera una conversación pública en la que se ridiculizaran sin ningún tipo de reparo mis opiniones no era algo que pudiera o debiera deja pasar, que ese uso del sarcasmo estaba totalmente fuera de lugar, así que respondí públicamente lo siguiente:

Mira, viendo que tu estrategia es ridiculizar y desautorizar voy a dejar de responder a tus comentarios. Cuando sepas defender tu postura de forma inteligente y prescindiendo del sarcasmo y la burla (que no de la ironía), me avisas y seguimos debatiendo.
Que pases una excelente tarde.”

Se lo comenté a un amigo que me conoce bien y me dijo “Lo que habrá tenido que ser para que respondas así”.

Pero la historia no terminó ahí.  Esa persona no hizo ningún comentario más, ni una disculpa, ni un “igual me he pasado” o un “creo que me he explicado mal” o un “¿Te ha molestado?”.  Al cabo de un rato me escribió un mensaje directo por Twitter, pero no para disculparse, decir que había sido un malentendido ni nada parecido, sino para decirme que me desenfadara y que no le tomara en serio.

“OIGA USTED, se desenfada pero a la de ya! Y deje de tomarme en serio de una puñetera vez, no se lo digo mas!”

Aham.

Es decir, la culpa es mía.  Soy yo la que no se interpretar las cosas, la que no sabe detectar una broma.  Él (sí, es un tío) sólo se dedica a bromear y a ser un incomprendido.  Intentaría creérmelo si no fuera porque es la segunda vez que pone como excusa el “estaba bromeando” cuando yo digo que algún comentario me ha molestado.   Es muy fácil abrir la boquita, despotricar, criticar y luego decir que era una broma.  El gilipollas de Schrödinger, que se excusa en el sarcasmo y las gracietas cuando la otra persona se revuelve.

Estimado, el sarcasmo no es para todo el mundo.  Hay que saber utilizarlo y tú vas por la vida dejando claro que no sabes.  Busca en Coursera o en EdX a ver si hay algún curso y luego vuelves.

Fascistas sexys en tu zona

A lo mejor el título es un poco cazavisitas, no lo sé.

Ayer a una hora bastante intempestiva entré en una página de ligues y visité el perfil de uno de los usuarios que habían visto el mío.  La web en cuestión te muestra una foto principal, unas etiquetas y unos textos escritos por cada usuario.  El de este señor en concreto decía lo siguiente:

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Al principio me quedé sorprendida.  Dudaba si era o no un ejemplo de Poe, parecía demasiado obvio para ser irónico, pero a la vez me resultaba extraño encontrar a alguien que se definiera así mismo como fascista con tanta naturalidad.  En las redes sociales abundan los perfiles fascistas, es cierto, pero por explicarlo de alguna manera, en las redes sociales uno se expresa continuamente y las certezas sobre la ideología que profesa se van aclarando conforme se escribe.  En una aplicación de contactos uno da una única impresión, tiene una única oportunidad para ser recordado u olvidado.

El caso es que seguía sintiendo curiosidad.  No por el individuo, sino por su ideología, por saber si realmente era así como se describía en palabras, así que miré las fotos con más detenimiento y ahí ya fue cuando flipé.  ¿Sabéis quién es Josué Estébanez?  Es el exmilitar condenado por el asesinato de un menor antifascista en Madrid en 2007.  Y el individuo que vio mi perfil llevaba una camiseta con el lema “Josué libertad”.  Hay varios grupos de apoyo a Josué Estébanez, todos abiertamente fascistas.  Todos.  No los enlazo porque ya bastantes visitas les di ayer.

Otro detalle, el nombre de usuario del individuo tiene que ver con el intento de golpe de estado del partido nacional socialista en 1923.

Todo muy icónico.

Lo que me preocupa no es que exista gente así porque es algo que no se puede evitar.  Lo que me acojona realmente es la sensación de impunidad, la falta de pudor y de reparo, la ostentación con la que muestran su ideología.  Y su ideología no es cualquiera, sino el supremacismo blanco, el racismo, la xenofobia, la discriminación y el uso de la violencia y la intimidación.  Se exhiben porque saben que pueden hacerlo, que no les va a pasar nada.  En 2009, cuando se condenó por asesinato a Josué Estébanez, ¿hubiera colgado este individuo esa foto en una web de contactos?  Pues en 2017 le parece muy normal hacerlo.

Y eso da mucho mucho mucho miedo.

Actualización: acabo de denunciar el perfil a la web que lo aloja dándoles algunos datos básicos e invitándoles a contactar conmigo si necesitan alguna aclaración.  No tengo ni idea de si suelen tomar medidas o notificarlas si las toman, pero hecho está.