¿Las posibilidades de quién? Mantras y mentiras.

Hace tiempo tuve una conversación parecida a ésta:

– Bueno, es que yo he estado durante años viajando mucho, saliendo de vacaciones varias veces al año y eso es vivir por encima de mis posibilidades.

(Atónita es la palabra. Estaba hablando con una persona de izquierdas. O eso creía yo.)

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– No, eso no es vivir por encima de tus posibilidades, eso es porque tenías ingresos y te lo podías permitir.

– Porque tenía varios trabajos.

– ¿Y qué? Lo malo no es eso.  Lo malo es que ahora sólo tienes uno, cuando lo tienes, y los gastos han subido tanto que hasta cuesta llegar a fin de mes. Pero no has vivido por encima de tus posibilidades, has gastado en función de lo que ganabas. Tampoco tiene nada de malo que, en su momento, los profesionales como tú estuvieran tan demandados que tuvieras varios empleos.

¿En qué momento dejamos que la crisis y todas las mentiras que nos han contado acerca de ella nos afectaran hasta hacer que nos sintiéramos culpables por gastar nuestro dinero de la forma que nos diera la gana? Para eso somos quienes lo ganamos, para eso es nuestro esfuerzo, nuestras horas de trabajo, nuestras preocupaciones, nuestro sudor y demás conceptos bíblicos. ¿Cuando empezamos a pensar que vivir cómodamente es un privilegio del que debemos estar profundamente arrepentidos? Más aún, después de ver que por muchos sacrificios que hagamos la situación sigue sin mejorar, ¿cómo es que algunas personas no se sienten estafadas y se dan cuenta de que ese “Vivir por encima de nuestras posibilidades” es una mentira enorme? Porque puede que al principio de la crisis estuviéramos dispuestos a aceptar algunos sacrificios, pero a día de hoy deberíamos ser conscientes de que todos esos mantras no eran más que mentiras.

Y hay otra cosa preocupante en toda esta situación: De repente parece que tener un sueldo decente, justo, que te permita llegar a fin de mes sin demasiadas estrecheces, acorde con la responsabilidad, con la carga de trabajo y/o con los requisitos del puesto convierte a quien lo tiene en el enemigo.

De ese tuit salió mi reflexión sobre las vacaciones y el vivir por encima de las posibilidades de alguien. No sé de quién, dicen que de las nuestras, pero yo sigo teniendo mis dudas.

Por si queréis leer otra reflexión sobre sueldos supuestamente altos, os dejo una entrada del blog de @laguiri en la que lo explica con más datos.
http://eugeniaandino.es/2014/07/04/son-1900-euros-al-mes-un-salario-realmente-alto/

Otro día hablamos sobre la gente que tiraba de tarjeta de crédito, los que se compraban un coche cada año, los que se iban de vacaciones a la Riviera Maya y tiraban la casa por la ventana.  A ver si fueron ellos los de las posibilidades… (Una pista: no es tan fácil).

Atención al cliente, sexismo y otras cosas de comer.

Juan Echanove ha publicado un tuit quejándose de la atención de una camarera en un bar.  Hasta aquí todo bien, no?  Todos lo hemos hecho en un momento u otro.  Bueno, igual lo que no hemos hecho ha sido fotografiar a la chica a traición.  Y luego justificarlo diciendo que cuando pagas una pasta por unos bocadillos tienes derecho a quejarte.  El tuit con la foto ya no existe, el otro sí.

https://twitter.com/juanechanove/statuses/502743517949878272

Esto me ha hecho pensar en un par de cosas.

1. El sexismo.

Si habéis trabajado en atención al público, y más si sois mujeres, os habrá pasado alguna vez que os digan “Mujer, sonríe.”  Y eso os lo dice un hombre.  Y sólo a las mujeres.  Os lo comento porque me pasó hace años: alguien escribió una sugerencia diciendo que mis compañeras y yo deberíamos sonreír más.  Yo pensaba que éramos administrativas, no azafatas, pero igual el contrato que firmé decía otra cosa…

2. Los derechos del cliente (o lo que el cliente cree que son sus derechos).

A todos nos gusta que nos atiendan bien.  A mí la primera.  Me considero una usuaria correcta, educada y amable (en general, porque obviamente no siempre es posible), me gusta acompañar mis palabras con una sonrisa y espero (tal vez no debería) que mi actitud provoque una actitud parecida en la persona que me atiende y no al revés, como en el caso que os acabo de contar.  No siempre es así y los motivos son muchos: la persona que me atiende puede estar muy mal pagada, puede tener un mal día, puede estar enferma y no poder coger una baja, etc.

También os diré que hay sitios que no dan ninguna importancia al trato que sus trabajadores dan a los clientes o usuarios.  Y en ese caso es muy fácil saber qué hacer: No se vuelve y punto.  Yo he dejado de comprar en una tienda muy conocida del centro porque me han atendido personas diferentes y siempre me han tratado igual: ignorándome por completo.

Sin embargo hay millones de opciones antes que cometer la arrogancia de publicar la imagen de alguien y poner en riesgo su puesto de trabajo.  Podemos hablar con la persona que nos atiende y explicarle el motivo de nuestra irritación, podemos quejarnos, podemos incluso sonreír y preguntar qué sucede (sí, lo de sonreír a veces funciona).  Podemos incluso no volver a ese lugar, abrir twitter y quejarnos amargamente.  Yo lo he hecho más de una vez, incluso mencionando el lugar al que me refiero.  Pero fotografiar a traición a esa persona sabiendo que tus palabras van a tener repercusión porque eres Juan Echanove y no el vecino del quinto me parece de una soberbia, de una falta de empatía y de un “Te vas a enterar” indamisibles.

Y otra cosa: Juan Echanove se queja del precio de los bocadillos como si la política de precios fuera obra de la camarera que le atiende o como si cobrara en función del importe de los tickets de las mesas que sirve.  Caballero: el precio no sólo depende de la calidad, no me sea ingenuo.  Elija otro sitio más económico y no se queje tanto.