Trayectos

Hubo una temporada, sé que fue en esta vida y no en otra, en el que Las Suertes – Nueva Numancia era un trayecto de ida. Un tiempo después la casualidad y las cosas de la vida hicieron que acabará viviendo precisamente en Nueva Numancia. Nueva Numancia – Las Suertes se convirtió entonces en un trayecto de ida y el inverso, en un trayecto de vuelta. El Ensanche no es un barrio al que le tenga mucho cariño, así que no suelo ir mucho por allí, pero a veces cuando lo hago, cuando cojo el metro para volver a casa, me entra una sensación curiosa, una tristeza, una derrota, un abatimiento, un recuerdo de tiempos que tuvieron cosas más bonitas, más ingenuas, más fáciles.
Ojalá no tener memoria.

Pánico y spam en el foro

Os cuento:

Estoy estudiando un Grado a distancia y este semestre tengo una asignatura que se llama “Expresión Oral y Escrita”.  Una compañera propuso un grupo de WhatsApp y muchos aceptamos.  Os podéis imaginar que a los dos días aquello era un sindios.  Por no hablar de las respuestas al correo con la propuesta: ¿por qué usar “responder al remitente” cuando puedes usar “responder a todos”?  Resumiendo: empecé silenciándolo y acabé saliendo en pocos días.

Un efecto de ese grupo fue que el foro de la web de la asignatura estuviera completamente vacío.  En los pocos días en los que estuve todas las dudas y los comentarios se hacían en el grupo y así siguió siendo después.  Y es una pena, porque un foro, con sus pegas, es un espacio más estructurado que un grupo de WhatsApp o de cualquier aplicación.

Pero llega el momento decisivo: se acercan las pruebas finales y, oh, sorpresa, la gente ha entrado en pánico.  ¿Por qué? Pues porque han pasado por completo de exponer sus dudas, comentarios o críticas en un espacio en el que el tutor de la asignatura pudiera responderlas y ahora se sienten perdidos.  De repente el foro se ha poblado de mensajes uniéndose a una petición de orientación.  (No entiendo por qué tiene que unirse cada alumno de forma particular creando un hilo infinito de “A mí me pasa lo mismo”, pero eso ya son manías mías).

En cuanto al profesor, nos ha dado las indicaciones necesarias, no sin un tono irónico:

Como ya comenté a algún compañero vuestro, me disponía esta semana a enviaros un mail con algunas pautas para afrontar las Pruebas de Síntesis (PS) y los Exámenes (Ex), y quería hacerlo mañana con más tranquilidad, puesto que tengo esta semana tribunales de Trabajos Fin de Máster en la UB. Pero viendo que empieza a cundir el pánico y el nerviosismo -mal asunto-, bien, aquí tienen unas pautas con vistas a las pruebas finales.

Con la mala leche que me gasto últimamente estoy a un pelo de coño de escribir un mensaje en el foro diciendo algo como “Estimados compañeros, creo que la adhesión personal a esta iniciativa es innecesaria”, pero puede que vuelva a coincidir con alguno de ellos en otras asignaturas y no quiero ganarme fama de estúpida (fama que no siempre es inmerecida, hay que decirlo).

Hablando de “A mí me pasa lo mismo”, os pongo la canción de Astrud.

Besos, abrazos y otras cosas buenas.

El Santo Tribunal de la Inquisición Domesticoeconómica

Empecemos por el principio.  El sábado 27 de agosto El Confidencial publicó un artículo con un titular realmente asqueroso: “Pagar para que te limpien la casa aunque cobres 1.000 €: así es la nueva clase media.”  De repente han pasado dos cosas: me han convertido en clase media (mi sueldo neto es algo mayor de 1.000 € pero ya os digo yo que a los 2.000 € no llega) y además me han aleccionado moralmente sobre mi forma de gastar el dinero que gano.  Se ve que eso de ganar el pan con el sudor de tu frente también lleva aparejados una serie de deberes como limpiar tu casa con ese mismo sudor.  Suena todo muy judeocristiano.  Ya sabéis, el valle de lágrimas y todo eso.  Yo creía que ser clase media traía consigo unos beneficios y una superioridad moral…  O igual es que hay beneficios que sí (pareja, hijos, hipoteca y paella los domingos) y beneficios que no (ocuparte de tu casa).

Por si eso fuera poco alguien decidió que esas personas son (somos) “arreplegats amb txatxa”.  Arreplegat: Dit de les persones incompetents per a una tasca, que no arriben a formar un conjunt homogeni.  En español de la meseta: inútiles con chacha.

(Espacio reservado para improperios)

Como tampoco quiero extenderme y dedicarle tiempo a semejante par de gilipolleces he decidido que en lugar de conclusiones y de explicar o justificar mi decisión de tener a alguien encargado de la limpieza de mi casa voy a cerrar esta entrada con unas cuantas preguntas que me surgen:

¿A partir de qué salario neto se me está permitido delegar la limpieza de mi casa a cambio de dinero?  ¿Eso me convertirá en clase alta?  Mira que no quiero, eh, que yo estoy muy orgullosa de ser clase obrera.  (Repetid conmigo: o-b-r-e-r-a).

¿Quiénes son los miembros del Santo Tribunal de la Inquisición Domesticoeconómica?

¿Predican con el ejemplo o es sólo hablar por hablar?

¿Qué prueba tengo que pasar para demostrar que no soy una “arreplegada”?  ¿Hay un calendario que pueda consultar?  ¿Están abiertas a todo el mundo?  ¿Hay derechos de examen?  ¿Cuál es su importe?

¿Limpiar la casa es algún nuevo método de redención?

¿Es una vuelta a “lo natural” y lo próximo será criticar el uso de mochos y reivindicar que deberíamos todos fregar de rodillas?

Podéis dejar vuestras respuestas, o añadir nuevas preguntas, en los comentarios.  También podéis escribir los improperios que he decidido ahorrarme.

Vergüenza ajena

A veces pienso que a las mujeres se nos educa para ser discretas, para pasar desapercibidas. No tengo claro que sea algo explícito o intencionado, al menos en mi caso, pero al final yo también soy así: me cuesta llamar la atención, quejarme o levantar la voz salvo entre personas con las que tengo confianza o cuando ya estoy muy enfadada.
Pero ayer fue diferente.
Ayer iba en el metro de camino a casa después de todo el día fuera y se subieron unos chavales (adolescentes o preadolescentes) que empezaron a improvisar una letra muy ofensiva contra las mujeres (podría haber sido otro colectivo, pero eran/éramos las mujeres). En otras circunstancia me hubiera callado pero por algún motivo ayer no lo hice. Les dije que eran muy graciosos, que me estaba partiendo de la risa y que por favor no se callaran. Lejos de sentirse mal, que no lo esperaba, me dijeron que no pensaban callarse. Entonces les dije que yo no tenía por qué escuchar este tipo de barbaridades, que eran de mal gusto. Y en ese momento otro pasajero se dirigió a ellos y les dijo que tenían muy poco respeto, que lo que cantaban estaba fuera de lugar, que les iba a ir muy mal en la vida con esa actitud. Les dio muchísima caña. Se rebotaron, claro está. Y luego habló otra señora. Y un tercer chaval que iba con ellos empezó a sentir algo de vergüenza ajena y les dijo que se habían pasado.
Dos paradas más tarde se bajaron. Puede que fueran a otro vagón. Puede que hicieran el cafre de la misma manera. O puede que no. Tampoco es que eso sea importante.
Lo importante es que por una vez no me comí el cabreo ni la vergüenza, que no me quedé callada pensando “Tierra trágame” y ofendida por dos mocosos. Que hablé, que me quejé, que cogí esa costumbré de pasar desapercibidas que se nos inculca a las mujeres y me la quité de encima.
Igual otro día no tengo ganas de reaccionar, me puede la vergüenza, el cansancio o lo que sea y me callo, pero estoy contenta de no haberlo hecho ayer.
PD: Me acordé de una cosa que vi cuando vino mi hermana a verme: Una pareja iba en el metro con un niño. Cuando se iban a bajar subieron unos chavales sin esperar a que la pareja y el niño salieran. Ella no dijo ni pio, al que intentó entrar de frente a ella le metió un empujón y luego salió. Y adiós muy buenas. A veces “sólo” hace falta eso.

El voto electrónico

Ayer @yondemon compartió este artículo con el rimbombante nombre de “Así serían las elecciones en España si fuesen digitales”. A mí la idea no me acababa de cautivar, pero decidí echarle un vistazo a ver qué me decían.

¡Bendita idea!  Ahora tengo un montón de trabajo para explicar por qué en ese artículo está todo mal.  (No me odies, Pablo, yo no quería).

En primer lugar menciona a Indra.  No digo que no sea una empresa con experiencia en el recuento de votos, pero mencionarla nada más empezar el artículo no me gusta.  Y menos siendo una consultora con cierta fama de chapucera.

Otra cosa que me llamó la atención fueron los países mencionados: Estados Unidos, Bélgica, Brasil, Estonia, Filipinas, India.  Es un batiburrillo de países curioso: mientras que en algunos nadie duda de que la tecnología llega a una parte importante de la población en otros surgen dudas sobre la brecha digital.  Cada vez me gusta menos el artículo y aún no hemos llegado al contenido, estamos en la introducción.

Luego el artículo empieza a enumerar las ventajas.  No sólo son un catálogo de obviedades, sino que tienen su trampa.

– Podríamos votar desde cualquier lugar: Me puse a investigar porque no veo yo muy claro que a todos los rincones de Brasil, Filipinas o incluso Estados Unidos llegue una conexión a Internet. ¿Será que “el voto electrónico” no es lo que nos dicen que es?  ¿O será que yo estoy muy equivocada con respecto a la disponibilidad del 3G, el ADSL y el Wi-Fi?  Hete aquí que me encuentro que “el voto electrónico” no evita desplazamientos, puesto que hay que acudir a un colegio electoral.  No se vota por internet, sino a través de unas máquinas diseñadas al efecto.  Aquí el caso de Filipinas, pero también se aplica a Holanda.  Como poco nos encontramos ante un concepto un poco ambiguo.

– Conoceríamos mucho antes los resultados: Obvio, pero ¿acaso el recuento actual es tan largo?  (Esta noche electoral en Madrid a las tres de la mañana se habían recontado tres millones de votos). Y menciona algo en lo que se explaya un poquito más en un punto posterior, que la ley española no permite y está al borde la manipulación al votante.  (Enseguida llegamos a ese punto).

– Precisión en el recuento: Sí pero no.  El caso anterior sería un sí, pero lo que está pasando en Sevilla sería un no clarísimo.  Y más si dependemos de la deficiente implantación del DNI-e en España.  Y desde luego no son muy seguras a la hora de guardar los datos ni muy fiables.

– Análisis de resultados desde diferentes perspectivas: Estaría bien si no implicara transmitir los resultados en tiempo real, algo que podría manipular la intención de voto de los ciudadanos que no hubieran acudido todavía a su colegio electoral.  Y, a todo esto, ¿qué perspectivas diferentes son ésas?  No soy una experta, pero diría que con las herramientas actuales y la tecnología que hay apoyando los recuentos se da suficiente información a los ciudadanos españoles.

– Ahorraríamos mucho papel: ¡Aham!  Un análisis en profundidad, no cabe duda.  Además no sé por qué menciona la propaganda electoral, si ésa no nos la íbamos a ahorrar

Resumiendo: Ni el voto electrónico es votar desde casa ni es todo tan rápido y tan eficaz como nos dicen en el artículo.  Y si alguien encuentra algún artículo o propuesta seria sobre voto electrónico, que me lo pase.  Yo no descarto ninguna opción porque incluya tecnología, al revés, sólo que me gusta que algo tan privado e importante como unas elecciones se gestionen con seriedad.

El año de perder y encontrar.

He intentado hacer una pequeña introducción a esta entrada pero lo que se me ha ocurrido no me ha convencido, así que vamos con lo realmente importante:
2014 ha sido el año de pasar por encima de los estándares, el año de descubrir que al final lo que uno tiene que hacer es intentar estar lo más a gusto posible.
Ha sido el año de descubrir las debilidades de los demás y dejarles ver las mías, el año de confiar en las reacciones de la gente más cercana, el año de comprobar empíricamente que hay gente que no paga sus frustraciones con quienes tiene más cerca.
El año de encontrar trabajo y saber que no estaba tan oxidada como en algún momento me planteé que podía estar. El año de dejar un trabajo por pura dignidad, de no hundirme y de conseguir otro que tiene una pinta estupenda. Perder y encontrar.
El año de que alguien rompiera conmigo. El año del Nestea de maracuyá y el vestido amarillo. El año de soltar una chapa terrible en forma de “Mira, una lista de manías, rollos, historias y similares. No digas que no te avisé.” Perder y encontrar.
El año de saber que unas relaciones te preparan para otras. Perder y encontrar.
El año de la bici y de confirmar que soy más cabezota que miedosa. El año del Mundial de Ciclismo, la foto con Rui Costa, el bidón de Fabian Cancellara y las bicis de profesionales pasando a veinte centímetros de mí.
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El año en el que dejó de darme miedo cruzar los pasos elevados que hay por encima de las autopistas (cómo éste o éste otro). No es que me haga mucha gracia el último, pero al menos puedo cruzarlo.
El año de las quedadas que se nos van de las manos. El año de quedar para comer y volver a casa más de doce horas después. ¡No pongo fotos para proteger la identidad de los implicados! ¿A quién quiero engañar? ¡Ahí va la foto!
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El año en el que yo volví a ser yo.
Gracias a todos.

¡Ah, que el porno es malo!

Ha aparecido un enlace en mi TL que hablaba del famoso libro de las famosas sombras éxito de ventas y todas esas cosas. No es que el artículo me interesara demasiado, pero sí uno de los enlaces que había al final del mismo y que trata de relacionar porno, violencia y sociedad y que podéis leer aquí. Y no sé yo si hay quien le está dando demasiadas vueltas al tema.
Me explico:
La autora o autor de este artículo se plantea si excitarnos con el porno convencional no es tener interiorizada una sexualidad o una forma de plantear las relaciones que utilizan a la mujer de forma y no es asumir la validez de esa violencia.
¿Es que ahora tenemos que excitarnos con algo políticamente correcto, igualitario y guay?
¿Seguro que eso es lo más importante? ¿Seguro que lo más importante de todo es lo que NO nos debería gustar? Soy mujer, soy feminista, soy consciente de la situación actual de la mujer en la sociedad y me gusta un cierto grado de brusquedad en las prácticas sexuales. ¿Eso me hace menos feminista? ¿Me convierte en víctima de un poder oculto que reprime la auténtica sexualidad de las mujeres? ¿No será que soy una mujer adulta que decide qué sexualidad practica y con quién de forma libre y consciente?
El problema no está en lo que nos excita o nos deja de excitar, en si nos depilamos o no lo hacemos o en si nos dejamos llevar por unos estereotipos. Está en si lo hacemos conscientemente y sin culpas o en si nos dejamos manipular o arrastrar. Está en la inexistente educación sexual en las escuelas y en si los padres enseñan a sus hijos e hijas que lo importante de las prácticas sexuales es que sean consentidas y orientadas a que ambos disfruten, no a lo que se haga en ellas. A lo mejor es que los chavales construyen sus experiencias sexuales en torno al porno, sin ningún tipo de orientación externa.
¿Que te gusta que te aten?, adelante. ¿Que fantaseas con sentarte en la cara de un señor con barba?, pues date el gusto. Que nadie venga a cuestionar tus gustos sexuales o a decirte que tu forma de entender tu sexualidad podría ser incorrecta, violenta, fea, convencional porque no se ajusta a una forma de entender la vida menos violenta, con más igualdad o qué sé yo, porque eso no es más que otra forma de represión y un paso atrás. Como el que acaban de dar el Reino Unido.

Mujeres, tetas, camisetas y competencia.

Hace un tiempo leí el siguiente comentario en esta publicación en Facebook:

No sé ni por dónde empezar.
“Las tetas de una mujer de cuarenta y cinco no pueden competir con las de una chica de veinte.”
Pues empezamos bien, señores y señoras. ¿Quién dijo que era una competición? ¿Quién dijo que a todos los hombres les gusta el mismo tipo de mujer? ¿O el mismo tipo de tetas, para decirlo más claramente?
Sigo:
“Mi política de inversión es de un 10% en mi apariencia física, el resto lo invierto en otros activos más rentables a medio y largo plazo. Rentables para mi felicidad, me refiero.”
Bueno, cada mujer se organiza como quiere y un 10% no me parece poco, pero que la apariencia física no sea un activo rentable a medio y largo plazo es una opinión muy personal y un pelín clasista. Yo no me cuido demasiado, no me gasto una fortuna en productos de belleza, cuidado personal o como queráis llamarlo, ni invierto mucho tiempo en ello. Será porque me cunde. Pero sí me arreglo, busco siempre estar satisfecha de mi aspecto, cuidar mi imagen (la que sea, luego todo es opinable). En mi opinión contraponer cuidados con desarrollo intelectual (que supongo que es a lo que se refiere la mujer que hace el comentario con ese “activos más rentables a medio y largo plazo”) me parece frivolizar, igual que me lo parecería el comentario contrario.
En resumen, despreciar la belleza y los cuidados, valorar la juventud como un bien o una ventaja frente a la madurez es una forma de hacerse de menos como mujer madura, de justificar todas esas campañas tan agresivas con las mujeres sobre si tenemos que ser así o asá, no tener arrugas, estar monísimas a las seis de la mañana y tener unos cuerpos perfectos.
¿Estoy exagerando?

Dignidad.

He dejado el trabajo. Sí, habéis leído bien. “¡Hala! ¡Estás loca!” Sí, puede que lo esté, pero además de estar loca tengo dignidad como persona y como profesional. Y sí, es una locura, pero en dos meses he aguantado desplantes y desprecios suficientes como para saber que esa dignidad que mencionaba es algo que tengo que valorar y cuidar.
Alguno me dirá “Es que los jefes son así…” Pues no, querido amigo, no todos los jefes son así, ni se les debería permitir. No todos los jefes te dicen “Eso es que no sabes” cuando no les das la respuesta que quieren. No todos los jefes tienen tres cambios de humor al día y no todos los jefes te dicen que “La lías” cuando no están contentos, cuando te equivocas o simplemente cuando no han leído la información que has enviado en un correo electrónico. Puedo aguantar los cambios de humor, pero los desprecios se van acumulando hasta que un día decides que no pasas ni uno más.
Nunca pensé en quedarme en ese trabajo, la verdad. Mis dos entrevistas fueron un poco surrealistas y muy significativas, pero mi idea original era adquirir experiencia como secretaria de dirección, que es un puesto nuevo para mí, y hacer contactos para poder buscar un empleo mejor. Me apena bastante que las cosas no hayan salido así, pero aguantar más desplantes, más malas caras y más salidas de tono dejó de ser una opción hoy a las doce y media.
Deseadme suerte.

Me voy al Mundial.

Hace unos años, cuando Ponferrada salió designada como sede del Mundial de Ciclismo 2014, pensé que me gustaría ir. La entrada a los eventos del mundial es gratuita, así que lo único que tenía que organizar era el viaje y la estancia. Y un día vi un tuit en el que se informaba de que la organización del mundial buscaba voluntarios.
Tengo claro que eso del voluntariado en los eventos deportivos es algo que se hace para ahorrarse sueldos, pero digamos que estaba dispuesta a hacer una excepción a cambio de vivir desde dentro un Mundial de Ciclismo, así que me inscribí. Además estaba en paro y con pocas perspectivas de que eso cambiara y tener marcada una fecha en el calendario (aparte de la de sellar) era una buena idea.
Al final la parte laboral se ha arreglado, tengo trabajo y “sólo” puedo ir como voluntaria este fin de semana y el próximo, que tampoco está tan mal.
Llego a Ponferrada a las 5 de la mañana del sábado. La Oficina del Voluntario no abre hasta las 7 y a las 8 nos dan las acreditaciones del Área de Información. El lunes voy a llegar arrastrándome a la oficina, pero seguro que vale la pena.
Pinchando aquí podéis acceder al canal de YouTube de la Unión Ciclista Internacional, que seguramente retransmita la mayor parte de las pruebas (sino todas).
Este fin de semana es la prueba contrarreloj por equipos, tanto masculina como femenina.
Y si vais a estar por allí, decidme “¡Hola!”
P.D.: Es una lástima no poder desdoblarme e ir también a Unibike. Y perderme la contrarreloj masculina, que es el miércoles.