El Santo Tribunal de la Inquisición Domesticoeconómica

Empecemos por el principio.  El sábado 27 de agosto El Confidencial publicó un artículo con un titular realmente asqueroso: “Pagar para que te limpien la casa aunque cobres 1.000 €: así es la nueva clase media.”  De repente han pasado dos cosas: me han convertido en clase media (mi sueldo neto es algo mayor de 1.000 € pero ya os digo yo que a los 2.000 € no llega) y además me han aleccionado moralmente sobre mi forma de gastar el dinero que gano.  Se ve que eso de ganar el pan con el sudor de tu frente también lleva aparejados una serie de deberes como limpiar tu casa con ese mismo sudor.  Suena todo muy judeocristiano.  Ya sabéis, el valle de lágrimas y todo eso.  Yo creía que ser clase media traía consigo unos beneficios y una superioridad moral…  O igual es que hay beneficios que sí (pareja, hijos, hipoteca y paella los domingos) y beneficios que no (ocuparte de tu casa).

Por si eso fuera poco alguien decidió que esas personas son (somos) “arreplegats amb txatxa”.  Arreplegat: Dit de les persones incompetents per a una tasca, que no arriben a formar un conjunt homogeni.  En español de la meseta: inútiles con chacha.

(Espacio reservado para improperios)

Como tampoco quiero extenderme y dedicarle tiempo a semejante par de gilipolleces he decidido que en lugar de conclusiones y de explicar o justificar mi decisión de tener a alguien encargado de la limpieza de mi casa voy a cerrar esta entrada con unas cuantas preguntas que me surgen:

¿A partir de qué salario neto se me está permitido delegar la limpieza de mi casa a cambio de dinero?  ¿Eso me convertirá en clase alta?  Mira que no quiero, eh, que yo estoy muy orgullosa de ser clase obrera.  (Repetid conmigo: o-b-r-e-r-a).

¿Quiénes son los miembros del Santo Tribunal de la Inquisición Domesticoeconómica?

¿Predican con el ejemplo o es sólo hablar por hablar?

¿Qué prueba tengo que pasar para demostrar que no soy una “arreplegada”?  ¿Hay un calendario que pueda consultar?  ¿Están abiertas a todo el mundo?  ¿Hay derechos de examen?  ¿Cuál es su importe?

¿Limpiar la casa es algún nuevo método de redención?

¿Es una vuelta a “lo natural” y lo próximo será criticar el uso de mochos y reivindicar que deberíamos todos fregar de rodillas?

Podéis dejar vuestras respuestas, o añadir nuevas preguntas, en los comentarios.  También podéis escribir los improperios que he decidido ahorrarme.

Fantasmas

Echo un vistazo a mis correos y veo que en uno de ellos LinkedIn me pregunta si conozco a Fulanito de tal.  Se abre una puerta en algún sitio y no soy lo suficientemente rápida para cerrarla antes de que entren los fantasmas.  Cosas que pasan.

Conozco a Fulanito de tal, claro que sí.  Es más, hubo un tiempo en el que fuimos muy amigos.  Hubo un tiempo en el que compartíamos muchas cosas, en el que hablábamos, en el que intentábamos seguir a flote, cada uno con su vida, sin saber muy bien si íbamos a salir bien parados cada uno de sus desastres particulares, que no eran pocos.

Voy a abreviar, que luego el exorcismo se alarga.  Los fallos de guión los tapáis vosotros a vuestro gusto.

2015 fue un mal año.  O al menos un año duro.  Empezó bien y terminó como el rosario de la aurora.  A mí se me torció todo en verano y no hubo manera de enderezarlo.  A Fulanito de tal no le fue mucho mejor.  Nuestros desastres particulares eran demasiado grandes para nosotros y nuestra forma de intentar que los desastres del otro fueran algo menores era probablemente la menos indicada.

Llegó mi cumpleaños y una felicitación que terminaba con un “Todo irá bien en 2016. Seguro.”  Y la verdad es que las cosas parecían arreglarse, o al menos no estropearse más.  Poco tiempo después escribí un mensaje que no recibió respuesta.  Como tantas otras veces.  Sólo que esa vez no volví a escribir otro.  Nunca.  Me agoté.  Decidí que ese silencio debía ser respetado a rajatabla.  Que estaba cansada de ser siempre yo la que decía “Eh, ¿cómo te va?”.  Y que probablemente era un alivio para ambos.  Nunca fue una amistad fácil y probablemente lo mejor era dejar que se acabara.  No era lo que yo quería, pero era lo único que tenía sentido.  Y sé que no hice nada mal.  Que ninguno de los dos lo hizo, que a veces ni los amigos encajan.

Aún así todavía me duele.  A lo mejor es el tiempo perdido, a lo mejor es la frustración, a lo mejor es que soy idiota (nah, ya sé que eso no es).

Me gustaría decir algo como “Veo que has adelgazado.  Te sienta fatal, la verdad”, pero supongo que lo que diría es más bien “Espero que te vaya todo bien, de verdad.  Adiós”.

Ya me disculparéis si todo esto no tiene mucho sentido.  No era mi idea que lo tuviera.

Vulnerabilidad

Hace unos meses me quedé sin trabajo.  Al final fue un período de tiempo muy corto, pero eso yo no podía saberlo.  Unos meses antes de eso, viendo que la situación económica del proyecto en el que estaba trabajando no tenía aspecto de remontar, decidí cambiar de trabajo antes de que, como finalmente sucedió, me acabaran despidiendo porque no podían pagarme.  Hasta aquí todo “normal”.  Si no entramos en los detalles (y no voy a entrar) es desagradable, pero nada raro, nada poco habitual.  Nada que no pueda pasarle al vecino o a tu prima.

Luego he tenido un par de conversaciones bastante peculiares.  Me llama la atención que hayan sido conversaciones con gente que trabaja en un sector sin crisis y con muuuuuuuuuuchas posibilidades de cambiar de trabajo.  Algo tendrá que ver.

Conversación número uno (transcripción literal)

  • Otra persona: ¿Y por qué te echaron?
  • Yo: Por falta de pasta para poder pagarme a mí y a la vez contratar a otra persona. El tema es que yo me quería ir, pero me echaron antes de poder hacerlo.
  • Otra persona: Pues mejor. Así por lo menos te llecas algo de dinero.  Si te hubieras ido tú no te hubieras llevado ni un duro.
  • Txus: Sí, eso ya lo sé. Pero que te echen cuando tu perfil no es precisamente de los más solicitados en el mercado es MUY jodido.
  • Otra persona: Pero si te querías ir.
  • Txus: Vale, vamos a dejarlo.

 

Empatía cero. Y percepción de la vulnerabilidad de la otra persona, cero.  Alguien que vive en su castillo, con sus colchones y sin guisante debajo.

Conversación número dos (dramatización)

  • Otra persona: Bueno, si no podían pagarte fue mejor que te echaran, porque si no, hubieras estado trabajando sin cobrar.
  • Txus: Es que nadie habló nunca de trabajar sin cobrar, yo hablaba de otra cosa. Además, si trabajas y no te pagan, puedes denunciar.
  • Otra persona: Pero mientras tanto no cobras.
  • Txus: Insisto, yo no hablaba de eso, sino de cambiar de trabajo.
  • Otra persona: Aun así de las dos opciones, es lo mejor que te pudo pasar.

Tres cuartos de lo mismo, pero con algún agravante que no voy a detallar.

¿En serio alguien cree que eso es lo mejor que se le puede decir a alguien de más de 40 años que se ha visto sin trabajo con un perfil para el que se pide de todo y se paga una miseria?  ¿En serio hay quien cree que eso es ánimo, consuelo o empatía?  ¿Eso es lo que le dirías a tu prima, a tu hermana, a tu mejor amiga, a tu colega, si le hubiera pasado lo mismo?  ¿Que podría ser peor?, ¿que se llevó dinero? (Me río del importe de mi indemnización por despido…) El día que algunos entiendan el concepto de vulnerabilidad les va a explotar la cabeza.

Postdata: Afortunadamente éstas han sido excepciones.  De las que pican, pero excepciones.  Muchísima gente ha estado a mi lado y me ha animado y ayudado de verdad, pero si no lo contaba me iba a dar algo.

Vallecanos “desteñidos”

En Noviembre decidí mudarme y venirme al Puente de Vallecas.  Llevaba unos años viviendo en el Ensanche y ya estaba aburrida del barrio.

En el Ensanche vive mucha gente que nació y creció en otras zonas de Vallecas.  Vallecanos de toda la vida, en pocas palabras.  Me resultaron sorprendentes los comentarios de varios de ellos cuando dije que me mudaba.  Fueron del tipo “Te vas a arrepentir, ese barrio está muy mal” o “Uf, ese barrio estaba muy bien hace años, cuando había curritos de Vallecas, ahora parece la ONU”.  Me quedé alucinada porque hablamos de gente que está orgullosa de ser vallecana.  De gente que se iba de fiesta al Hebe y que seguramente más de una vez compró en el mercadillo de El Pozo.  Y me estaban dando las razones más rastreras y clasistas que escuchado jamás.

Para que lo entendáis os voy a hablar del Ensanche de Vallecas: El Ensanche es parte de un Plan de Actuación Urbanística del Ayuntamiento de Madrid.  Un producto de la burbuja inmobiliaria.  Un barrio cuyas avenidas principales parecen la Castellana y en el que el pequeño comercio ni está ni se le espera.  Lo más parecido que hay son bazares chinos.  Si quieres comprar hilo o un botón, o vas al chino o vas a Villa (administrativamente el Ensanche es parte de Villa de Vallecas aunque geográficamente no lo parece).  Para ir hasta Villa puedes coger el metro o caminar veinte minutos a buen paso.  Si quieres comida preparada hay algo a unos diez minutos andando.  Hay varios bares, sí, pero prepárate a pagar dos euros por un doble.  Eso sí, cada edificio tiene sus contenedores de basura, las aceras son anchas, los pisos vienen con su garage incluido, hay aparcamiento en la calle y es una zona muerta tranquila.

Bueno, depende de dónde vivas, porque resulta que hay una zona cerca de la Cañada Real, hay viviendas de realojo y además te llegan los olores de Valdemingómez.  Pero eso ya es en otra parte del Ensanche, con fingir que no existe está todo arreglado.  Lo que importa es que allí no hay gente sentada en los bancos bebiendo, no hay inmigrantes (recordad, esto parece la ONU), no hay bolsas de basura en la calle porque no hay suficientes contenedores y no hay comedores sociales con gente haciendo cola.  Tampoco hay mercados, movimiento, gente por la calle, mercerías, ferreterías, restaurantes de todo tipo, carnicerías y fruterías y uno de los parques más espectaculares de Madrid.  Pero hay un centro comercial, aparcamiento, tranquilidad y tres Mercadonas, uno en cada parada de metro.  Algunos se han vendido por plazas de aparcamiento y bares caros.  Presumen de ser vallecanos, pero en realidad sólo presumen de haber nacido en ese barrio, para ellos a día de hoy vivir fuera del Ensanche es de pobres o de perdedores.

Queridos vallecanos “desteñidos”: os podéis quedar con el Ensanche para vosotros solos.  Que os aproveche.

Vergüenza ajena

A veces pienso que a las mujeres se nos educa para ser discretas, para pasar desapercibidas. No tengo claro que sea algo explícito o intencionado, al menos en mi caso, pero al final yo también soy así: me cuesta llamar la atención, quejarme o levantar la voz salvo entre personas con las que tengo confianza o cuando ya estoy muy enfadada.
Pero ayer fue diferente.
Ayer iba en el metro de camino a casa después de todo el día fuera y se subieron unos chavales (adolescentes o preadolescentes) que empezaron a improvisar una letra muy ofensiva contra las mujeres (podría haber sido otro colectivo, pero eran/éramos las mujeres). En otras circunstancia me hubiera callado pero por algún motivo ayer no lo hice. Les dije que eran muy graciosos, que me estaba partiendo de la risa y que por favor no se callaran. Lejos de sentirse mal, que no lo esperaba, me dijeron que no pensaban callarse. Entonces les dije que yo no tenía por qué escuchar este tipo de barbaridades, que eran de mal gusto. Y en ese momento otro pasajero se dirigió a ellos y les dijo que tenían muy poco respeto, que lo que cantaban estaba fuera de lugar, que les iba a ir muy mal en la vida con esa actitud. Les dio muchísima caña. Se rebotaron, claro está. Y luego habló otra señora. Y un tercer chaval que iba con ellos empezó a sentir algo de vergüenza ajena y les dijo que se habían pasado.
Dos paradas más tarde se bajaron. Puede que fueran a otro vagón. Puede que hicieran el cafre de la misma manera. O puede que no. Tampoco es que eso sea importante.
Lo importante es que por una vez no me comí el cabreo ni la vergüenza, que no me quedé callada pensando “Tierra trágame” y ofendida por dos mocosos. Que hablé, que me quejé, que cogí esa costumbré de pasar desapercibidas que se nos inculca a las mujeres y me la quité de encima.
Igual otro día no tengo ganas de reaccionar, me puede la vergüenza, el cansancio o lo que sea y me callo, pero estoy contenta de no haberlo hecho ayer.
PD: Me acordé de una cosa que vi cuando vino mi hermana a verme: Una pareja iba en el metro con un niño. Cuando se iban a bajar subieron unos chavales sin esperar a que la pareja y el niño salieran. Ella no dijo ni pio, al que intentó entrar de frente a ella le metió un empujón y luego salió. Y adiós muy buenas. A veces “sólo” hace falta eso.

El voto electrónico

Ayer @yondemon compartió este artículo con el rimbombante nombre de “Así serían las elecciones en España si fuesen digitales”. A mí la idea no me acababa de cautivar, pero decidí echarle un vistazo a ver qué me decían.

¡Bendita idea!  Ahora tengo un montón de trabajo para explicar por qué en ese artículo está todo mal.  (No me odies, Pablo, yo no quería).

En primer lugar menciona a Indra.  No digo que no sea una empresa con experiencia en el recuento de votos, pero mencionarla nada más empezar el artículo no me gusta.  Y menos siendo una consultora con cierta fama de chapucera.

Otra cosa que me llamó la atención fueron los países mencionados: Estados Unidos, Bélgica, Brasil, Estonia, Filipinas, India.  Es un batiburrillo de países curioso: mientras que en algunos nadie duda de que la tecnología llega a una parte importante de la población en otros surgen dudas sobre la brecha digital.  Cada vez me gusta menos el artículo y aún no hemos llegado al contenido, estamos en la introducción.

Luego el artículo empieza a enumerar las ventajas.  No sólo son un catálogo de obviedades, sino que tienen su trampa.

– Podríamos votar desde cualquier lugar: Me puse a investigar porque no veo yo muy claro que a todos los rincones de Brasil, Filipinas o incluso Estados Unidos llegue una conexión a Internet. ¿Será que “el voto electrónico” no es lo que nos dicen que es?  ¿O será que yo estoy muy equivocada con respecto a la disponibilidad del 3G, el ADSL y el Wi-Fi?  Hete aquí que me encuentro que “el voto electrónico” no evita desplazamientos, puesto que hay que acudir a un colegio electoral.  No se vota por internet, sino a través de unas máquinas diseñadas al efecto.  Aquí el caso de Filipinas, pero también se aplica a Holanda.  Como poco nos encontramos ante un concepto un poco ambiguo.

– Conoceríamos mucho antes los resultados: Obvio, pero ¿acaso el recuento actual es tan largo?  (Esta noche electoral en Madrid a las tres de la mañana se habían recontado tres millones de votos). Y menciona algo en lo que se explaya un poquito más en un punto posterior, que la ley española no permite y está al borde la manipulación al votante.  (Enseguida llegamos a ese punto).

– Precisión en el recuento: Sí pero no.  El caso anterior sería un sí, pero lo que está pasando en Sevilla sería un no clarísimo.  Y más si dependemos de la deficiente implantación del DNI-e en España.  Y desde luego no son muy seguras a la hora de guardar los datos ni muy fiables.

– Análisis de resultados desde diferentes perspectivas: Estaría bien si no implicara transmitir los resultados en tiempo real, algo que podría manipular la intención de voto de los ciudadanos que no hubieran acudido todavía a su colegio electoral.  Y, a todo esto, ¿qué perspectivas diferentes son ésas?  No soy una experta, pero diría que con las herramientas actuales y la tecnología que hay apoyando los recuentos se da suficiente información a los ciudadanos españoles.

– Ahorraríamos mucho papel: ¡Aham!  Un análisis en profundidad, no cabe duda.  Además no sé por qué menciona la propaganda electoral, si ésa no nos la íbamos a ahorrar

Resumiendo: Ni el voto electrónico es votar desde casa ni es todo tan rápido y tan eficaz como nos dicen en el artículo.  Y si alguien encuentra algún artículo o propuesta seria sobre voto electrónico, que me lo pase.  Yo no descarto ninguna opción porque incluya tecnología, al revés, sólo que me gusta que algo tan privado e importante como unas elecciones se gestionen con seriedad.

La discriminación positiva mató a la madre de Bambi

O eso parece.

Y eso que no hablamos de la Ley Integral contra la Violencia de Género, que entonces la cosa empeora.

Empecemos por un ejemplo:

Imaginad que sois hombres (si sois hombres, saltad este paso, que no os hace falta).

Imaginad que vuestro jefe es un hombre. La mayor parte de vuestros compañeros también. La persona que os entrevistó para el trabajo también es un hombre y la mayoría de las mujeres con las que trabajáis son administrativas o secretarias. Eso pasa, tampoco es que esté describiendo un caso poco común.

Imaginad que tenéis que contratar a alguien. Con el entorno que os he comentado, ¿qué es más probable que contratéis en igualdad de condiciones (currículums parecidos, parecida experiencia)? Seguramente un hombre. Por ningún motivo en especial que podáis concretar si os preguntan, sólo porque estáis más habituados a trabajar con hombres. Sí, claro, valoráis a las mujeres y su trabajo, pero inconscientemente no os encajan. Y eso sucede. Y no es con maldad en muchos casos, es sólo sesgo, costumbre, llámalo X.

Ahora vayamos a las polémicas:

“- Es que favorecer a una mujer sólo porque es mujer deja sin trabajo a un hombre.” Entiendo. ¿Dónde dice que haya que contratar a una mujer NO capacitada? ¿Es que hay puestos para los que NO hay mujeres? Si no las hay, no se presentarán, digo yo.

“- Es que las listas cremallera…” ¿Conoces a todas las mujeres que se presentan en esa lista? ¿Y at todos los hombres? ¿Conoces sus currículums? ¿Sabes lo capacitados / as que están? Cuando lo sepas, hablamos.

“- Es que para este puesto no hay mujeres o hay muy pocas.” Si no las hay, no se presentarán y problema resuelto. ¿Que haya pocas es sinónimo de que no estén capacitadas? ¿No se les piden los mismos requisitos (estudios, experiencia, idiomas,…) que a un hombre? Que además se les pida buena presencia es un punto en el que no vamos a entrar, que me pongo de muy mala leche.

“- Es que las mujeres se quedan embarazadas.” Mira, este artículo es sobre la discriminación positiva y las cuotas, no sobre gilipollas empresarios trogloditas.

Para terminar vayamos a la descripción de lo que es la discriminación positiva, llamada en inglés “Affirmative action”:

La discriminación positiva o acción afirmativa es la aplicación de políticas que dan a un determinado grupo social, sea minoritario o que históricamente haya sufrido discriminación, un trato preferencial en el acceso o distribución de ciertos recursos o servicios así como acceso a determinados bienes, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de aquellos grupos, y compensarlos por los prejuicios o la discriminación de la que fueron víctimas en el pasado.

Deja muy claro que se trata de mejorar, son un medio, no un fin. Las becas, por ejemplo, son un ejemplo de discriminación positiva, como lo son las plazas que se reservan a discapacitados y que han permitido que accedan al mercado de trabajo y no dependan de la buena voluntad de sus familias, como sucedía no hace tanto.

Si bien se ha avanzado bastante en la igualdad, lamentablemente las mujeres hemos sufrido discriminación y hay mucho que compensar todavía. Décadas sin tener acceso a estudios superiores, abandonando la carrera profesional para cuidar de casa, marido e hijos y teniendo limitadas las salidas profesionales aún pesan más de lo que nos gustaría. A los que tengáis dudas sobre cómo son las cosas, os recomiendo hablar con mujeres de vuestro entorno. Y a las que tengáis dudas, también, que yo vivía en una burbuja en ese sentido y pensaba que ya estaba todo hecho. Y resulta que no.

El enano cabreado

Ésta es una entrada escrita desde el mosqueo, no lo voy a negar. He llegado a casa y mi compañero de piso estaba escuchando al metomentodo ególatra mentiroso al que a partir de ahora voy a llamar el enano cabreado.  Será porque he tenido un día jodido, será porque ayer fue el aniversario del 11M, será porque es jueves, pero me he cabreado.

¿Que por qué?  Pues muy fácil. ¿Habéis escuchado alguna vez una crítica constructiva por su parte? Porque yo no. ¿Habéis escuchado alguna vez algo que no sea una consigna barata?  ¿Un razonamiento? ¿Una frase que no resulte insultante? Nada le gusta, nada le parece bien, nada le cuadra. Tal vez debería presentarse a presidente del Gobierno, no, ¿qué digo?, a Presidente del Universo Conocido y Desconocido, a ver si lo hace mejor.

Y por supuesto habla de temas de vital importancia para los ciudadanos, eso no lo olvidemos:

El indepentismo catalán (aquí hay unas citas),que algo que me preocupa desde que me levanto hasta que me acuesto.  No puedo pensar en otra cosa y seguro que no soy la única.

El PP (más citas), ese partido al que critica pero que, oh, cielos, se sospecha que le dio pasta para que pudiera soltar bilis.  ¡Ay, Federico, eres un malote!

ETA, bueno no “la ETA”, que todos sabemos que es una gran preocupación actualmente.  ¿Qué paro ni que paro?

Y podría seguir, podría hablar de cómo descalifica de la forma más chusca y barriobajera, amparado en la libertad de expresión, que yo defiendo, aunque me pese en estos casos. Podría hablar de las barbaridades que ha escrito sobre el 11M y por las que espero que pague algún día. Podría, pero me voy a callar, que ya es muy tarde y le he dedicado a este señor demasiado tiempo de mi vida.

La tranquilidad que nunca llegó

El año empezó bien.  Había un trabajo esperándome con gente que ha resultado ser muy especial.  Por fin se encaminaba todo.

O no.

Tranquilos, sigo teniendo trabajo.  No es eso.

Tener cubiertas unas necesidades, no sólo económicas, sino también de realización personal, no me ha traído toda la tranquilidad que esperaba.  Como si al colocar unas cosas se hubieran descolocado otras.  Otras que no pensaba que se fueran a descolocar.  El desastre que siempre ha sido mi vida personal tiene ahora una importancia que antes no tenía.  Y no sé qué voy a hacer para arreglarlo, principalmente porque hay muchas situaciones que aclarar, problemas que solucionar, necesidades que atender, alguna decisión que tomar y algunas cuentas que saldar.

A lo mejor si me hago bolita y cierro los ojos muy fuerte se arregla todo solo.

Ya, ya sé que no.

El año de perder y encontrar.

He intentado hacer una pequeña introducción a esta entrada pero lo que se me ha ocurrido no me ha convencido, así que vamos con lo realmente importante:
2014 ha sido el año de pasar por encima de los estándares, el año de descubrir que al final lo que uno tiene que hacer es intentar estar lo más a gusto posible.
Ha sido el año de descubrir las debilidades de los demás y dejarles ver las mías, el año de confiar en las reacciones de la gente más cercana, el año de comprobar empíricamente que hay gente que no paga sus frustraciones con quienes tiene más cerca.
El año de encontrar trabajo y saber que no estaba tan oxidada como en algún momento me planteé que podía estar. El año de dejar un trabajo por pura dignidad, de no hundirme y de conseguir otro que tiene una pinta estupenda. Perder y encontrar.
El año de que alguien rompiera conmigo. El año del Nestea de maracuyá y el vestido amarillo. El año de soltar una chapa terrible en forma de “Mira, una lista de manías, rollos, historias y similares. No digas que no te avisé.” Perder y encontrar.
El año de saber que unas relaciones te preparan para otras. Perder y encontrar.
El año de la bici y de confirmar que soy más cabezota que miedosa. El año del Mundial de Ciclismo, la foto con Rui Costa, el bidón de Fabian Cancellara y las bicis de profesionales pasando a veinte centímetros de mí.
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El año en el que dejó de darme miedo cruzar los pasos elevados que hay por encima de las autopistas (cómo éste o éste otro). No es que me haga mucha gracia el último, pero al menos puedo cruzarlo.
El año de las quedadas que se nos van de las manos. El año de quedar para comer y volver a casa más de doce horas después. ¡No pongo fotos para proteger la identidad de los implicados! ¿A quién quiero engañar? ¡Ahí va la foto!
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El año en el que yo volví a ser yo.
Gracias a todos.