Líneas rojas

A nivel personal ésta ha sido una semana decepcionante (y estamos a jueves, aún puede “mejorar”).

El lunes tuve que decirle a una persona que estaba siendo injusta con otra. Su respuesta fue que lo sabía y tenía derecho a tener rabietas. Me puse en modo zen (sorprendente en mí) y le dije que claro, que de acuerdo, que las disfrutara. La historia es demasiado larga y complicada para explicarla, pero básicamente es lo que os he contado. Cualquiera tiene derecho a ser mala persona y a decirlo, cualquiera tiene derecho a sentirse mal y a decirlo, pero ¿tener rabietas? No. No tenemos cinco años. No quiero gente así en mi vida, no quiero gente que se enrabieta con personas a las que quiero sabiendo que se comporta de forma injusta y gente que me mete en follones.  Adiós, bonita, tanta paz lleves como descanso dejas. Estoy segura de que eres una buena persona y me caes bien, pero yo tengo líneas rojas y tú has pisado una.

Ayer quedé con un amigo. Hacía tiempo que no nos veíamos y me apetecía.  Sin embargo de repente la conversación se torció. Salió el caso de la chica violada en los Sanfermines y empezamos a hablar del consentimiento. Yo dije que no decir que no no significa decir que sí y el comentario de mi amigo me resultó chocante. Traté de ponerle un ejemplo equiparable y el comentario fue más chocante todavía. Acabó diciéndome que si a él un negro (?) intentara violarlo no se dejaría y el tipo no lo conseguiría.  Ahí se me revolvió el estómago y se me cayó el ánimo a los pies. No tuve ganas de seguir explicándole nada y dije que no quería seguir con la conversación. Lo entendió y cambio de tema, pero a mí ya se me había quedado el cuerpo cortado y decidí que me quería ir a casa. Estaba triste, enfadada y sobre todo dolida. Cuandó nos despedimos le di dos besos y le dije “Un placer”. No tengo claro si estaba siendo irónica, pero sé que esa conversación marca un antes y un después, que ya estoy cansada de escuchar a señores hablar de cómo tenemos que comportarnos y de cómo ellos son el patrón a seguir. Casi me da más asco ese comentario que el típico “¿Es que a quién se le ocurre irse con un desconocido?”

No tengo muy claro que haré si alguna de esas dos personas me vuelve a hablar, pero sí tengo claro que lo que pienso y siento ahora no es pasajero, que no es un mosqueo que se me vaya a pasar en unos días o hablando sobre el tema. Es algo más duradero.

A ver si de aquí al domingo no se me jode ninguna amistad más, que a este paso le voy a deber amigos a la vida.

Vergüenza ajena

A veces pienso que a las mujeres se nos educa para ser discretas, para pasar desapercibidas. No tengo claro que sea algo explícito o intencionado, al menos en mi caso, pero al final yo también soy así: me cuesta llamar la atención, quejarme o levantar la voz salvo entre personas con las que tengo confianza o cuando ya estoy muy enfadada.
Pero ayer fue diferente.
Ayer iba en el metro de camino a casa después de todo el día fuera y se subieron unos chavales (adolescentes o preadolescentes) que empezaron a improvisar una letra muy ofensiva contra las mujeres (podría haber sido otro colectivo, pero eran/éramos las mujeres). En otras circunstancia me hubiera callado pero por algún motivo ayer no lo hice. Les dije que eran muy graciosos, que me estaba partiendo de la risa y que por favor no se callaran. Lejos de sentirse mal, que no lo esperaba, me dijeron que no pensaban callarse. Entonces les dije que yo no tenía por qué escuchar este tipo de barbaridades, que eran de mal gusto. Y en ese momento otro pasajero se dirigió a ellos y les dijo que tenían muy poco respeto, que lo que cantaban estaba fuera de lugar, que les iba a ir muy mal en la vida con esa actitud. Les dio muchísima caña. Se rebotaron, claro está. Y luego habló otra señora. Y un tercer chaval que iba con ellos empezó a sentir algo de vergüenza ajena y les dijo que se habían pasado.
Dos paradas más tarde se bajaron. Puede que fueran a otro vagón. Puede que hicieran el cafre de la misma manera. O puede que no. Tampoco es que eso sea importante.
Lo importante es que por una vez no me comí el cabreo ni la vergüenza, que no me quedé callada pensando “Tierra trágame” y ofendida por dos mocosos. Que hablé, que me quejé, que cogí esa costumbré de pasar desapercibidas que se nos inculca a las mujeres y me la quité de encima.
Igual otro día no tengo ganas de reaccionar, me puede la vergüenza, el cansancio o lo que sea y me callo, pero estoy contenta de no haberlo hecho ayer.
PD: Me acordé de una cosa que vi cuando vino mi hermana a verme: Una pareja iba en el metro con un niño. Cuando se iban a bajar subieron unos chavales sin esperar a que la pareja y el niño salieran. Ella no dijo ni pio, al que intentó entrar de frente a ella le metió un empujón y luego salió. Y adiós muy buenas. A veces “sólo” hace falta eso.

Mujeres, tetas, camisetas y competencia.

Hace un tiempo leí el siguiente comentario en esta publicación en Facebook:

No sé ni por dónde empezar.
“Las tetas de una mujer de cuarenta y cinco no pueden competir con las de una chica de veinte.”
Pues empezamos bien, señores y señoras. ¿Quién dijo que era una competición? ¿Quién dijo que a todos los hombres les gusta el mismo tipo de mujer? ¿O el mismo tipo de tetas, para decirlo más claramente?
Sigo:
“Mi política de inversión es de un 10% en mi apariencia física, el resto lo invierto en otros activos más rentables a medio y largo plazo. Rentables para mi felicidad, me refiero.”
Bueno, cada mujer se organiza como quiere y un 10% no me parece poco, pero que la apariencia física no sea un activo rentable a medio y largo plazo es una opinión muy personal y un pelín clasista. Yo no me cuido demasiado, no me gasto una fortuna en productos de belleza, cuidado personal o como queráis llamarlo, ni invierto mucho tiempo en ello. Será porque me cunde. Pero sí me arreglo, busco siempre estar satisfecha de mi aspecto, cuidar mi imagen (la que sea, luego todo es opinable). En mi opinión contraponer cuidados con desarrollo intelectual (que supongo que es a lo que se refiere la mujer que hace el comentario con ese “activos más rentables a medio y largo plazo”) me parece frivolizar, igual que me lo parecería el comentario contrario.
En resumen, despreciar la belleza y los cuidados, valorar la juventud como un bien o una ventaja frente a la madurez es una forma de hacerse de menos como mujer madura, de justificar todas esas campañas tan agresivas con las mujeres sobre si tenemos que ser así o asá, no tener arrugas, estar monísimas a las seis de la mañana y tener unos cuerpos perfectos.
¿Estoy exagerando?