Pequeño comercio.

Vivo en el Ensanche de Vallecas. Es un sitio curioso que da para escribir varias entradas, pero de lo que quiero hablar es del pequeño comercio, que en esta zona no abunda, principalmente porque hay un centro comercial, pero alguna tiendecilla hay: dos papelerías (creo que están abriendo una tercera), una ferretería y dos “bazares” chinos. Hay alguna tienda más, pero tampoco pretendo hacer un listado exhaustivo.
Pues veréis: Hubo una temporada el año pasado en la que tuve que ir varias veces a Getafe. Una de esas veces me paré en Getafe Centro y me fui a dar una vuelta. En varios comercios vi un cartel que instaba sutilmente a comprar en tiendas regentadas por españoles. No he encontrado el cartel, así que tendréis que fiaros de mí. Era, como ya he dicho, bastante sutil, pero el mensaje quedaba claro.
Y yo me pregunto: ¿Los bazares chinos no son pequeño comercio? ¿Son el enemigo? ¿Son esa gran superficie española que presiona para que no se publiquen noticias desfavorables en los medios? Os aseguro que he encontrado en algunas ferreterías los mismos productos que se venden en los bazares regentados por chinos. Exactamente los mismos. Así que no siempre es una cuestión de que ofrezcan productos de peor calidad, aunque obviamente no ofrecen productos de la gama más alta.
Podemos hablar de precio, claro. Se trata de tiendas con un horario más amplio que el pequeño comercio tradicional, y esa flexibilidad de refelja en un recargo relacionado con ese horario extra. Es como el cerrajero de urgencia o las tiendas que hay junto a las gasolineras, sólo que las tenemos en nuestro barrio. ¿Acaso eso las convierte en el enemigo número uno del pequeño comercio?
Podemos hablar del trato que dan a sus clientes, sí, pero resulta que en mi barrio hay dos papelerías porque en las manzanas entre la M45 y la estación de metro de Las Suertes hay dos colegios y yo no voy a ninguna de ellas porque el servicio que dan ni es bueno ni es cercano, así que cuando quiero ir a hacer fotocopias cojo el metro y voy a Villa de Vallecas, a un sitio donde me atienden mejor.

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Un conocido criticaba las tiendas de ropa regentadas por chinos porque no ofrecen productos de calidad y a base de tener precios tan bajos han provocado el cierre de tiendas de ropa de toda la vida. Totalmente de acuerdo, pero el problema no es sólo de la oferta (el chino), sino también de la demanda (que sacrifica calidad por precio). Además muchas grandes cadenas de textil hacen algo parecido, igual un poco menos feo, pero eso ya va en gustos. Y desde luego muchas de las cosas que compramos en cualquier tipo de comercio están lejos de fabricarse en España. Me resulta curioso imaginarme qué diría si en esa misma tienda la llevara una señora de Cuenca. Un día se lo pregunto y os cuento.
Por no enredarme demasiado: creer que el bazar chino de la esquina es el enemigo sólo porque tiene un horario más amplio es simplificar las cosas demasiado. Por no hablar del cuento de que no pagan impuestos, cuando la realidad es que algunos países establecen acuerdos que afectan a los aranceles tanto para importación como para exportación, que es otra cosa muy distinta y que tiene que ver con la protección de la economía del país que importa los bienes.

Dos anotaciones:
1. El enlace sobre los impuestos usa donotlink.com porque me niego a dar difusión a según qué ideas.
2. El único comentario que hay en esa entrada es digno de leerse. Lástima no poder poner un enlace ni darle un beso a quien lo escribió.

Atención al cliente, sexismo y otras cosas de comer.

Juan Echanove ha publicado un tuit quejándose de la atención de una camarera en un bar.  Hasta aquí todo bien, no?  Todos lo hemos hecho en un momento u otro.  Bueno, igual lo que no hemos hecho ha sido fotografiar a la chica a traición.  Y luego justificarlo diciendo que cuando pagas una pasta por unos bocadillos tienes derecho a quejarte.  El tuit con la foto ya no existe, el otro sí.

https://twitter.com/juanechanove/statuses/502743517949878272

Esto me ha hecho pensar en un par de cosas.

1. El sexismo.

Si habéis trabajado en atención al público, y más si sois mujeres, os habrá pasado alguna vez que os digan “Mujer, sonríe.”  Y eso os lo dice un hombre.  Y sólo a las mujeres.  Os lo comento porque me pasó hace años: alguien escribió una sugerencia diciendo que mis compañeras y yo deberíamos sonreír más.  Yo pensaba que éramos administrativas, no azafatas, pero igual el contrato que firmé decía otra cosa…

2. Los derechos del cliente (o lo que el cliente cree que son sus derechos).

A todos nos gusta que nos atiendan bien.  A mí la primera.  Me considero una usuaria correcta, educada y amable (en general, porque obviamente no siempre es posible), me gusta acompañar mis palabras con una sonrisa y espero (tal vez no debería) que mi actitud provoque una actitud parecida en la persona que me atiende y no al revés, como en el caso que os acabo de contar.  No siempre es así y los motivos son muchos: la persona que me atiende puede estar muy mal pagada, puede tener un mal día, puede estar enferma y no poder coger una baja, etc.

También os diré que hay sitios que no dan ninguna importancia al trato que sus trabajadores dan a los clientes o usuarios.  Y en ese caso es muy fácil saber qué hacer: No se vuelve y punto.  Yo he dejado de comprar en una tienda muy conocida del centro porque me han atendido personas diferentes y siempre me han tratado igual: ignorándome por completo.

Sin embargo hay millones de opciones antes que cometer la arrogancia de publicar la imagen de alguien y poner en riesgo su puesto de trabajo.  Podemos hablar con la persona que nos atiende y explicarle el motivo de nuestra irritación, podemos quejarnos, podemos incluso sonreír y preguntar qué sucede (sí, lo de sonreír a veces funciona).  Podemos incluso no volver a ese lugar, abrir twitter y quejarnos amargamente.  Yo lo he hecho más de una vez, incluso mencionando el lugar al que me refiero.  Pero fotografiar a traición a esa persona sabiendo que tus palabras van a tener repercusión porque eres Juan Echanove y no el vecino del quinto me parece de una soberbia, de una falta de empatía y de un “Te vas a enterar” indamisibles.

Y otra cosa: Juan Echanove se queja del precio de los bocadillos como si la política de precios fuera obra de la camarera que le atiende o como si cobrara en función del importe de los tickets de las mesas que sirve.  Caballero: el precio no sólo depende de la calidad, no me sea ingenuo.  Elija otro sitio más económico y no se queje tanto.