La discriminación positiva mató a la madre de Bambi

O eso parece.

Y eso que no hablamos de la Ley Integral contra la Violencia de Género, que entonces la cosa empeora.

Empecemos por un ejemplo:

Imaginad que sois hombres (si sois hombres, saltad este paso, que no os hace falta).

Imaginad que vuestro jefe es un hombre. La mayor parte de vuestros compañeros también. La persona que os entrevistó para el trabajo también es un hombre y la mayoría de las mujeres con las que trabajáis son administrativas o secretarias. Eso pasa, tampoco es que esté describiendo un caso poco común.

Imaginad que tenéis que contratar a alguien. Con el entorno que os he comentado, ¿qué es más probable que contratéis en igualdad de condiciones (currículums parecidos, parecida experiencia)? Seguramente un hombre. Por ningún motivo en especial que podáis concretar si os preguntan, sólo porque estáis más habituados a trabajar con hombres. Sí, claro, valoráis a las mujeres y su trabajo, pero inconscientemente no os encajan. Y eso sucede. Y no es con maldad en muchos casos, es sólo sesgo, costumbre, llámalo X.

Ahora vayamos a las polémicas:

“- Es que favorecer a una mujer sólo porque es mujer deja sin trabajo a un hombre.” Entiendo. ¿Dónde dice que haya que contratar a una mujer NO capacitada? ¿Es que hay puestos para los que NO hay mujeres? Si no las hay, no se presentarán, digo yo.

“- Es que las listas cremallera…” ¿Conoces a todas las mujeres que se presentan en esa lista? ¿Y at todos los hombres? ¿Conoces sus currículums? ¿Sabes lo capacitados / as que están? Cuando lo sepas, hablamos.

“- Es que para este puesto no hay mujeres o hay muy pocas.” Si no las hay, no se presentarán y problema resuelto. ¿Que haya pocas es sinónimo de que no estén capacitadas? ¿No se les piden los mismos requisitos (estudios, experiencia, idiomas,…) que a un hombre? Que además se les pida buena presencia es un punto en el que no vamos a entrar, que me pongo de muy mala leche.

“- Es que las mujeres se quedan embarazadas.” Mira, este artículo es sobre la discriminación positiva y las cuotas, no sobre gilipollas empresarios trogloditas.

Para terminar vayamos a la descripción de lo que es la discriminación positiva, llamada en inglés “Affirmative action”:

La discriminación positiva o acción afirmativa es la aplicación de políticas que dan a un determinado grupo social, sea minoritario o que históricamente haya sufrido discriminación, un trato preferencial en el acceso o distribución de ciertos recursos o servicios así como acceso a determinados bienes, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de aquellos grupos, y compensarlos por los prejuicios o la discriminación de la que fueron víctimas en el pasado.

Deja muy claro que se trata de mejorar, son un medio, no un fin. Las becas, por ejemplo, son un ejemplo de discriminación positiva, como lo son las plazas que se reservan a discapacitados y que han permitido que accedan al mercado de trabajo y no dependan de la buena voluntad de sus familias, como sucedía no hace tanto.

Si bien se ha avanzado bastante en la igualdad, lamentablemente las mujeres hemos sufrido discriminación y hay mucho que compensar todavía. Décadas sin tener acceso a estudios superiores, abandonando la carrera profesional para cuidar de casa, marido e hijos y teniendo limitadas las salidas profesionales aún pesan más de lo que nos gustaría. A los que tengáis dudas sobre cómo son las cosas, os recomiendo hablar con mujeres de vuestro entorno. Y a las que tengáis dudas, también, que yo vivía en una burbuja en ese sentido y pensaba que ya estaba todo hecho. Y resulta que no.

Atención al cliente, sexismo y otras cosas de comer.

Juan Echanove ha publicado un tuit quejándose de la atención de una camarera en un bar.  Hasta aquí todo bien, no?  Todos lo hemos hecho en un momento u otro.  Bueno, igual lo que no hemos hecho ha sido fotografiar a la chica a traición.  Y luego justificarlo diciendo que cuando pagas una pasta por unos bocadillos tienes derecho a quejarte.  El tuit con la foto ya no existe, el otro sí.

https://twitter.com/juanechanove/statuses/502743517949878272

Esto me ha hecho pensar en un par de cosas.

1. El sexismo.

Si habéis trabajado en atención al público, y más si sois mujeres, os habrá pasado alguna vez que os digan “Mujer, sonríe.”  Y eso os lo dice un hombre.  Y sólo a las mujeres.  Os lo comento porque me pasó hace años: alguien escribió una sugerencia diciendo que mis compañeras y yo deberíamos sonreír más.  Yo pensaba que éramos administrativas, no azafatas, pero igual el contrato que firmé decía otra cosa…

2. Los derechos del cliente (o lo que el cliente cree que son sus derechos).

A todos nos gusta que nos atiendan bien.  A mí la primera.  Me considero una usuaria correcta, educada y amable (en general, porque obviamente no siempre es posible), me gusta acompañar mis palabras con una sonrisa y espero (tal vez no debería) que mi actitud provoque una actitud parecida en la persona que me atiende y no al revés, como en el caso que os acabo de contar.  No siempre es así y los motivos son muchos: la persona que me atiende puede estar muy mal pagada, puede tener un mal día, puede estar enferma y no poder coger una baja, etc.

También os diré que hay sitios que no dan ninguna importancia al trato que sus trabajadores dan a los clientes o usuarios.  Y en ese caso es muy fácil saber qué hacer: No se vuelve y punto.  Yo he dejado de comprar en una tienda muy conocida del centro porque me han atendido personas diferentes y siempre me han tratado igual: ignorándome por completo.

Sin embargo hay millones de opciones antes que cometer la arrogancia de publicar la imagen de alguien y poner en riesgo su puesto de trabajo.  Podemos hablar con la persona que nos atiende y explicarle el motivo de nuestra irritación, podemos quejarnos, podemos incluso sonreír y preguntar qué sucede (sí, lo de sonreír a veces funciona).  Podemos incluso no volver a ese lugar, abrir twitter y quejarnos amargamente.  Yo lo he hecho más de una vez, incluso mencionando el lugar al que me refiero.  Pero fotografiar a traición a esa persona sabiendo que tus palabras van a tener repercusión porque eres Juan Echanove y no el vecino del quinto me parece de una soberbia, de una falta de empatía y de un “Te vas a enterar” indamisibles.

Y otra cosa: Juan Echanove se queja del precio de los bocadillos como si la política de precios fuera obra de la camarera que le atiende o como si cobrara en función del importe de los tickets de las mesas que sirve.  Caballero: el precio no sólo depende de la calidad, no me sea ingenuo.  Elija otro sitio más económico y no se queje tanto.